El último mensaje lo recibió Tito a las 12:08 del día 18 de junio. Recién amanecía cuando una alerta encendió de pronto la pantalla de su celular. Era Jordan. Le decía no estar seguro si se dirigían “a la mansión o al paraíso”. Luego de eso, nada; sólo silencio, angustia, desesperación, impotencia y miedo. Su caso se suma a las más de 3 mil 200 desapariciones que reportaba la Secretaría de Gobernación hasta el pasado 30 de agosto -es decir un promedio de 13 casos al día- y a las 7 mil 962 que ha registrado el Estado de México desde 1964, lo que coloca a la entidad en el tercer lugar a nivel nacional por mayor incidencia. Sólo está por debajo de Tamaulipas (11 mil 50 casos) y Jalisco (10 mil 249).

Marco Antonio Rodríguez

Toluca, México; 15 de septiembre de 2020. El último mensaje lo recibió Tito a las 12:08 del 18 de junio de este año. Recién amanecía cuando una alerta encendió de pronto la pantalla de su celular. Era Jordan. Le decía no estar seguro si se dirigían “a la mansión o al paraíso”. Luego de eso nada, sólo silencio, angustia, desesperación, impotencia y miedo.

De acuerdo con la Fiscalía de Justicia mexiquense, Jordan Alexis Ramírez Meza, de 26 años, desapareció el miércoles 17 de junio en Ecatepec; sin embargo, él estaba en Naucalpan y no en la colonia Petroquímica como refiere esa institución. Había asistido a una fiesta acompañado de Julio César Agustín Mayén y dos amigos más de éste, una de ellas policía al parecer ya retirada y otro sujeto que hasta ahora nadie ha logrado identificar. Desde ese lugar Jordan se comunicó con su mamá y con Tito, su ex novio. A ambos les dijo que todo estaba bien y se dio la oportunidad de presentarles a Julio y sus acompañantes a través de una videollamada.

Pasada la medianoche escribió su último mensaje.

Hasta antes de su desaparición, Jordan era distinguido por sus amigos y familiares por ser un muchacho alegre, escandaloso, “fiestero y fanático de Mickey”, aquel ratón ícono de Disney; tanto así que lleva tatuada su silueta a un costado de su oreja derecha. No tenía enemigos y sí, por el contrario, muchos amigos con los que compartía fiestas, tragos y diversión. 

A consecuencia de la pandemia del coronavirus -que según el último reporte de la Dirección General de Epidemiología del gobierno federal ha cobrado la vida de por lo menos 72 mil 752 mexicanos- se encontraba desempleado pues fue despedido de la mueblería en donde trabajaba junto con Tito, ese hombre con quien vivió un noviazgo, su compañero de trabajo y de vida por más de tres años hasta que de pronto un día decidieron separarse. Eran los primeros días de junio cuando le dijo a su entonces novio que se iba de su lado para trabajar con Julio César en ese mismo municipio, Naucalpan.

No fue la noticia que Tito quisiera escuchar y sin embargo, resignado, lo vio empacar y marcharse a su nuevo hogar, a lado de Julio, quien además le había prometido trabajo en una báscula -calibrada esta por el gobierno municipal- en un tiradero de basura. Algo así. Incluso le había hablado de un restaurante y otros negocios.

Pese a la decisión, Jordan jamás perdió contacto con Tito ni éste, a su vez, con la madre de Jordan, la señora Alicia Meza.

Jordan le hablaba de su nueva mansión a ambos haciendo referencia a la casa de Julio, misma que no es más que una construcción grande con acabados rústicos, como describió después Alicia.

En un principio, que Jordan se juntase con Julio le extrañó a su madre y al propio Tito, mas la sábana de llamadas y mensajes entre ambos daban cuenta de un posible amorío. Sin embargo, según narra Alicia, en una de las inspecciones a cargo de la Fiscalía, Julio se hacía acompañar de su esposa. El domicilio fue cateado pero ningún indicio sospechoso fue detectado; por lo menos no hasta ahora.

De Julio poco se conoce a pesar de las dos confesionales que ha sostenido con la Fiscalía: casado, con hijos y un negocio relacionado con la basura; no más. También fue citada a declarar la mujer que les acompañó a aquella fiesta que inició la tarde del 17 de junio y que se prolongara hasta la madrugada del 18, sin embargo tampoco su intervención ha sido útil para conocer el paradero del joven de 26 años.

Incluso una insignificante pero gran contradicción ha logrado detectar su madre y es que, según su testimonio, en la primera declaración de Julio él aseguró que tras la fiesta se fue a trabajar dejando en su casa a Jordan, quien a su vez le envió un mensaje a Julio en agradecimiento por las atenciones y el apoyo ofrecido. En esa ocasión Julio dijo también que Jordan le avisó que saldría con unos amigos, pero en su segunda declaración asegura haber partido rumbo a Toluca por supuestos problemas con uno de sus hijos y que habría informado vía telefónica a Jordan. De dicha llamada no hay registro.

En cambio, de las que sí hubo fue de las llamadas que Jordan hizo a su hermano mayor que vive en Sinaloa, a su papá, a su hermana, a una tía y a su abuela «solo para saludar».

Alicia, en su desesperación, ha pedido a las autoridades que llevan el caso intervenir las redes sociales de su hijo a fin de encontrar posibles pistas que ayuden a su localización, pero sólo ha recibido negativas con el supuesto de que “podría entorpecer la investigación”, misma respuesta que le ofrecieron cuando pidió entonces rastrear sus movimientos bancarios.

Como es guardia de seguridad privada y tiene que cumplir jornadas laborales de 24 por 24, a la señora Meza le es complicado asistir diariamente a pedir actualizaciones del caso; sin embargo quien sí lo ha hecho es Tito, aunque tampoco ha escuchado avances significativos.

“Yo siento que algo le hicieron a mi hijo, honestamente”, dice Alicia con voz entrecortada. Toma aire y lanza un par de frases más: “esté vivo o esté muerto yo quiero a mi hijo. Yo no me quiero pasar el resto de mi vida buscándolo y no saber qué fue lo que pasó con él”.

Actualmente la Fiscalía mexiquense da seguimiento al caso a través de su oficina de Atención a Delitos Vinculados a Violencia de Género y la Unidad de Desaparición Forzada, con sede en Ecatepec, bajo los folios FPD/FPD/02/MPI/918/01090/20/06 y TOL/FPD/FPD/107/147771/20/06.

Su caso se suma a las más de 3 mil 200 desapariciones que reportaba la Secretaría de Gobernación hasta el pasado 30 de agosto -un promedio de 13 casos al día- y a las 7 mil 962 que ha registrado el Estado de México desde 1964, lo que coloca a la entidad en el tercer lugar a nivel nacional por mayor incidencia. Sólo está por debajo de Tamaulipas (11 mil 50 casos) y Jalisco (10 mil 249).

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