Miguel Alvarado

Toluca, México; 7 de septiembre de 2020. Al mismo tiempo que operaba la aprobación de la reforma energética, Enrique Peña también desarrollaba uno de los proyectos más queridos de su sexenio y se refería a él como la “Egoteca”. Este proyecto era personal. Era privado, Era suyo y de nadie más. Se trataba en realidad de un Museo del Presidente, que era parte de una casa que Juan Armando Hinojosa, dueño del Grupo Higa, construía para él. Ahí, el vanidoso quería guardar fotos, recuerdos, premios, regalos, trofeos y hasta libros que le recordaran su paso por la presidencia.

Quién sabe cómo, Pemex terminó pagando algunos de los servicios que implicaba el capricho presidencial, como contratar a un fotógrafo cuyas tomas dieran seguimiento a la labor de Peña. El único problema era que ese artista les cobró tres millones de pesos mensuales, un salario del que Lozoya tuvo que encargarse. Que en Toluca dijeran que ese fotógrafo se llamaba Juan Carlos Morales y que había fotografiado a Peña desde que nada más era gobernador, no sorprendió a nadie porque ya todos lo sabían, pero de todas maneras esa identidad no se podría corroborar. Además, el tema de Juan Carlos Morales o como se llame ese fotógrafo, fue literalmente opacado por el voraz empresario Juan Armando Hinojosa, que se hizo supermillonario con el dinero público del Estado de México y que después, ya asentado en el poder que solamente el dinero puede dar, le hablaba de tú al presidente, pues también era su compadre.

El Museo del Presidente formaba parte de una casa ubicada en el Estado de México. Era, en verdad, un museo privado en donde Peña pretendía exhibir las condecoraciones que iba juntando, como el depredador que era. Ese trabajo lo coordinaba Roberto Padilla Domínguez, quien fungía como secretario técnico del gabinete de Peña, quien gestionó ante Lozoya la contratación del fotógrafo. Cuando le dijo que el salario de este hombre sería de 3 millones de pesos mensuales, Lozoya no le creyó, pero Videgaray y Peña se encargaron de sacarlo de su incredulidad y le confirmaron el costo. Fue un hombre llamado Antero Rodarte Cordero, otro mexiquense, el comisionado para presionar a Lozoya por el contrato del fotógrafo, pero por fortuna para ex director de Pemex, la Contraloría les llamó la atención y la mesada del misterioso fotógrafo fue cancelada.

Roberto Padilla había sido secretario particular de Peña en la gubernatura mexiquense y siempre le había llevado su agenda. Su relación era todavía más añeja, porque Padilla era montielista y ya estaba ahí cuando Arturo Montiel nombró a su sobrino subsecretario de Gobierno en 1999. Entonces Padilla fue comisionado como su secretario.

– ¡Uh, ni te imaginas la calidad de gobierno que hará el presidente Enrique Peña Nieto. Va a cambiar el país- decía Padilla cuando Peña asumía el poder, recuerda una columna del reportero Miguel Reyes Razo. Seis años después, Padilla entregaba sus informes a la Cuarta T en absoluto silencio, urgido por salir del servicio público para siempre.

Sobre Carlos Gabriel Antero Rodarte vale la pena aclarar que manejaba el dinero en efectivo de Peña y tenía el cargo de jefe de la Unidad de Apoyo de la presidencia. Había sido secretario técnico del Coespo en 2018 y en 2014 director general de Programas de Sectores Estratégicos del Instituto Nacional del Emprendedor (INADEM), pero lo más destacado que hizo en ese sexenio, además de cuadrarle las finanzas a su jefe y servir de invitado de piedra en las reuniones de los super-ricos de México, fue aparecer en una foto que mostraba a Peña, a su esposa y a otros mexiquenses de escasa inteligencia como Edwin Lino, cuando festejaban un gol de la selección mexicana, que jugaba contra Nueva Zelanda. Ahí, en uno de los salones de Los Pinos, los invitados brincaron como si hubieran pagado la deuda externa del país, pero Rodarte fue el más eufórico. De traje negro, como calzan los que trabajan a todas horas, levanta los brazos y extiende las piernas en un acto-reflejo que lo lleva a imitar el ejemplo de su jefe. Su cara, deformada por el gesto futbolero, es también el retrato de quien se volvió cínico a fuerza de trabajar con alguien peor.


El partido de futbol se trataba de un break para él, a quien le había tocado realizar una de las funciones más crueles y oscuras: pagar en efectivo y cuidar de las finanzas personales de Peña, a quien ya le había comprado un hogar, ubicado en el exclusivo fraccionamiento Villa del Oso y del Madroño en Madrid, España, el cual se compró a nombre del propio Antero. Después del poder, el encargo de Antero consistió en buscarle casas a Peña alrededor del mundo para proveerlo de un refugio en caso de que llegaran los malos tiempos.

Un buen día, la casa misteriosa y su museo fantástico estuvieron terminados, pero nadie sabía la dirección en la que se ubicaba, y solamente Videgaray, Peña e Hinojosa conocían el rumbo que había que seguir para llegar. Rodarte, harto de su trabajo, le confesó a Lozoya, totalmente ebrio, que ya no soportaba cuidar las maletas de dinero que tenía que resguardar en esa egoteca, que al final se convirtió en bodega porque hasta un Ferrari fue a parar ahí. En efecto, regalo de Javier Duarte, gobernador de Veracruz, le fue entregado a Peña durante una gira, ya en las escalinatas del avión en el que viaja el ex presidente. Se trataba de un Ferrari que había sido propiedad de Adolfo López Mateos, y quién sabe cómo estaba en poder de Duarte.

-Miren lo que me regaló el gober- nos dijo Peña al subir al avión, entonces mostró el interior de una carpeta, donde estaban las llaves del auto- narró Lozoya en su declaración.

Un ayudante recibió esa carpeta y el presidente dijo entonces que había que celebrar. La gira había sido de las más exitosa y por eso destapó un par de botellas de vino de la marca Vega Sicilia. “Días después, comentando este tema con Antero Rodarte, me comentó que el Ferrari ya se encontraba en la bodega del museo”, dijo Lozoya en su declaración. Cada botella Vega Sicilia, de 750 mililitros cuesta, actualmente, 15 mil 121 pesos.

Juan Armando Hinojosa era el constructor de la casa de la esposa de Peña, la actriz de telenovelas Angélica Rivera, cuya existencia salió a la luz por lo faraónica que era. A esa vivienda se le llamó la Casa Blanca, y el equipo de reporteros que construyó esa historia pudo valorarla en 86 millones de pesos. Aunque no pasó de un escándalo, influyó en la decisión de Peña de cancelar el tren México-Querétaro, que también construiría Juan Armando Hinojosa, cuya fortuna se calcula en 800 millones de dólares, los cuales no le sirvieron ni de pañuelo cuando el helicóptero en que viajaba su hijo Luis Armando Hinojosa, cayó cerca de una zona boscosa de Xochicuautla, en Lerma, Estado de México, y que Higa, la compañía de ambos, pretendía arrebatar a quienes vivían ahí. Cancelar el tren México-Querétaro le costó a México 16 millones de dólares, que tuvo que pagar a China, cuyas empresas no pusieron una sola piedra en esa obra.

Con Peña, el dueño de Higa se dedicó a medrar, lo cual hacía bastante bien y lo alejaba de problemas. Se convirtió en el contacto entre la Federación y los empresarios de la construcción, y cuando conseguía un contrato, cobraba una comisión de entre 2 y 5 por ciento, la cual le era pagada en efectivo y compartía con el propio Peña.

– El presidente me dijo que hiciera negocios con Pemex para que él tuviera liquidez- le dijo un día Hinojosa a Lozoya, a quien había ido a visitar a sus oficinas. El empresario presumía y por eso se fue de la boca. Deshocicado, como dicen en Toluca, prácticamente se confesó solo, mientras reía.

Lozoya dice que el empresario comenzó a extorsionar a una empresa de servicios petroleros para que invirtiera con él en una plataforma marítima de perforación. A los dueños les dijo que él conseguiría de Pemex una adjudicación directa y al mismo tiempo Peña presionaba a Lozoya para que apurara los trámites. Hinojosa, según él mismo, había invertido 100 millones de dólares para ese proyecto. Pero tener operatividad le costaría a Hinojosa por lo menos dos años, lo cual lo imposibilitaba para cualquier tipo de contrato en ese momento. Y Lozoya se lo dijo.

– Hinojosa estalló y me amenazó con pedir mi remoción de Pemex, lo cual me consta, (y) se lo dijo al presidente Peña Nieto, ya que el día 5 de febrero de 2016, que me reuní con el presidente para conversar sobre mi salida de Pemex, me dijo tajante: “tú fuiste un obstáculo en el cumplimiento de mis instrucciones respecto de mi compadre Juan Armando y constantemente te negaste a obtener recursos para mi proyecto político”.

De todas formas, Lozoya informó a los empresarios extorsionados por Hinojosa que lo que pretendían hacer era ilegal, pero ellos le respondieron que tenían miedo y que preferían perder el dinero. Entonces aclararon que Hinojosa no había puesto los 10 millones de dólares que tanto presumía. Los había obtenido de esa misma empresa con amenazas y extorsiones.

Hinojosa no se cansaba de presumir la influencia que tenía sobre Peña y Videgaray, y con eso espantaba a Emilio Lozoya.

-Yo le salvé el pellejo a Luis Videgaray, porque yo le di las obras de arte con las que pagó el crédito de su casa de Malinalco- fanfarroneaba con Lozoya. Pero ese empresario no fue el único en recibir favores de Peña. Hubo más, y hubo peores.

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