Carlos Escutia

¿Seguimos percibiendo el sonido de los objetos que nos rodean? ¿Sabemos cómo suena una cocina, un baño o un hospital? ¿Reconocemos los sonidos que emergen de una botella, un sándwich o una mochila?

Me atrevo a pensar que, con la mega oferta de productos audiovisuales que nos bombardean cada día, hemos dejado a un lado el ruido cotidiano.

Esos sonidos pueden ser incómodos u hostigantes, sin embargo también tienen cierto encanto. De ellos no sólo pueden surgir sonidos aislados; hay música en su interior.

Hace algunas semanas experimenté haciendo una pequeña pieza con una bicicleta.

La bici es mi vida.Te libera, es el mejor medio de transporte y ¡puedes hacer música con ella! Le rindo honores con estos beats.

Posted by Carlos Escutia on Monday, June 22, 2020

Me inspiré principalmente en una serie de videos musicales de Dan Mace, un cineasta que ha hecho música con piedras, balones de básquetbol, ligas, pepinos, plátanos y más objetos.

(En su canal de Youtube pueden ver sus creaciones).

Incluso hay artistas que han llevado la música hecha a partir de objetos al límite. En 2010, el colectivo Six Drummers realizaron la película Sound of Noise, en la que un grupo de músicos tocan ilegalmente dentro de varios espacios de una ciudad.

Tocan en un hospital con un paciente como batería, en un banco y en la calle con máquinas de construcción como instrumentos.

Ellos mismos mencionan que quieren “desafiar las ideas preconcebidas de la música y explorar los límites entre sonido, música e imagen”.

Y no es para menos, la película es alucinante. Rompen reglas para hacer música a partir de objetos cotidianos en lugar de instrumentos normales.

Nada más chequen Music for one apartment and six drummers, uno de sus cortometrajes.

Luego de hacer este experimento con la bici y de ver los videos de Dan y de Six Drummers puse más atención a los sonidos que hay a mi alrededor.

Al momento de escribir esta línea alcanzo a escuchar un pájaro, autos, una puerta cerrándose, la máquina de un tren a lo lejos, un martillo golpeando una pieza de metal y el aire azotar ventanas.

(Hay momentos del día que se alcanza a escuchar las campanas de la catedral de Toluca, ¡y eso que vivo a más de dos kilómetros de distancia!)

Me parece fascinante esta especie de música incidental o cotidiana que nos acompaña como una sombra o un fantasma. Lo más intrigante es que cambia a lo largo del día, de los meses y del año. No la controlamos. A momentos puede ser festiva, triste o melancólica.

Y ustedes, ¿qué están escuchando mientras terminan de leer estos párrafos? ¿Perciben su música incidental?

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