Miguel Alvarado

Toluca, México; 6 de julio de 2020. Este es el reinado del terror, del fuego y la metralla. El tiempo de la guerra, el fin de la ilusión de la paz. El último ataque de un grupo armado contra fuerzas de seguridad puso de rodillas a todos. También a los civiles que transitaban por el tramo de Río Chilate, cerca de Tejupilco. Estacionaron sus autos y bajaron para cubrirse en la cuneta, pegados a los rines, donde pensaban que ofrecían menor blanco.

Unos centímetros por encima de ellos la metralla de rifles de alto poder rebanan el aire y las balas se incrustan en las camionetas superblindadas de la Fiscalía del Estado de México. Once tiros le dieron, aunque resistió porque está diseñada para situaciones de guerra y para eso se necesitaba así.

“Así quedó la camioneta de la FGJEM, y para el sur hay que entrar con las camionetas chidas”, dice el fotoperiodista Ramsés Mercado cuando observa el video de la unidad ametralladas. Se supone que aguantan balas del calibre .50 de las Barret, y que por eso se les llama Centuriones. Para el sur hay dos naves así, y esta fue su prueba de fuego.

Pero si los agentes viajan así, los habitantes no. Atrincherados en las cunetas algunos civiles pudieron grabar el ataque. Allí, a merced de la suerte, escucharon uno por uno los disparos, que configuran a un país en guerra cuyas batallas el gobierno tiene 20 años negando.

Los soldados ni los ministeriales olvidarán jamás el combate que trataron de sostener contra sicarios en la carretera. No olvidarán que estuvieron bajo fuego y no pudieron evitar la quema de autos para bloquearles el paso. Era imposible hacerles frente y si no murieron fue porque la camioneta Centurión los protegió.

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Jadea mientras corre y graba un mensaje. De fondo, la metralla de un cártel que en el sur del Estado de México sólo pueden ser de la Familia Michoacana o su rival, el casi invencible Cártel de Jalisco, que ha entrado a la Tierra Caliente a rajatabla, aunque apenas ha enviado un comando. El que corre es parte de un grupo de ministeriales que circulaba por la carretera Toluca-Tejupilco cuando fueron emboscados a la altura del tramo conocido como Río Chilate.

“¡Nos están dando…! ¡Nos están dando en la madre!. Tejupilco… ¡Cúbranse, cúbranse todos!”, dice.

La partida de ministeriales “tuvo que echarle güevos” para conservar la vida, como dijeron ellos mismos, y aunque fue apoyada por soldados, estatales y la Guardia Nacional,  o olvidarán el poder de fuego del cártel que los agredió.

Venían de Amatepec, dijo el parte informativo de la Fiscalía, que en el transcurso del día había alardeado de la detención de tres secuestradores de la Familia, cuando sus agentes allanaron una casa de seguridad en San Mateo Atenco, a 20 minutos del centro de Toluca.

Los atacantes se dispersaron por los cerros de San Simón y Tenería, y nadie pudo seguirlos. Este ataque confirma lo que un oficial de alto rango destacamentado en Ixtapan de la Sal dijo recientemente: “si el CJNG quiere, nos barre a todos”. Cada vez está más cerca la Familia de la capital del Estado de México y la guerra de su líder, Jhonny Hurtado, El Fish, contra “Chito” Cano, quien se autonombra comandante de CJNG, se impone a la frágil ilusión de seguridad en el Estado de México.

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