Ramsés Mercado / Miguel Alvarado

Toluca, México; 6 de julio de 2020.

-¡María Elizabeth Oria!

-¡Presente!

-¡América Elizabeth Casas!

-¡Presente!

-¡Alexandra Ramírez Hinojosa!

-¡Presente!

La hilera humana sosteniendo carteles de reclamo por el feminicidio de la joven Pamela, el 9 de mayo de 2020, coreaban los nombres que la madre de Fatima, otra víctima, iba leyendo. Siempre la presencia de las que han matado se convierte en caja de resonancia que impide que se les olvide. Ese recuerdo impulsará a sus familiares para exigir que se encuentre a los culpables, pero también para que se sepa y se tenga presente que los sobrevivientes no están solos. Los nombres de las mujeres ejecutadas atruenan en la gigantesca explanada del Centro Ceremonial Otomí y pronunciarlos bajo la lluvia, en el bosque que penetra, descubre la llaga que lleva cada uno de sus parientes.

Maicha Pamela González Matilde tenía 16 años y vivía con su hermano y con Eleocadia, su madre, y en la casa en la que vivían la mataron. “Ella no vestía ropa provocativa ni tampoco salió por la noche a ningún lugar peligroso”, dice la madre, que ha pisado una y otra vez a la Ciudad de México en busca de ayuda porque la Fiscalía mexiquense no tiene ningún avance del feminicidio, sucedido en el pueblo de San Diego Alcalá, en el municipio de Temoaya, Estado de México.

Eleocadia lleva a todas partes sus pancartas en la que ha escrito el nombre de su hija y la fecha de su asesinato. Para ella, el 9 de mayo representa el último día de una vida normal y el inicio del calvario en busca de justicia. Ella cuenta la historia de Pamela también en otomí, para que se enteren que en Temoaya es asesinato de mujeres es ya un genocidio. Eleocadia quiere creer en la buena voluntad de la Fiscalía pero le pide, le suplica al presidente de México que la ayude. Andrés Manuel López Obrador volteará si puede, si quiere, si entiende.

-Muchas mujeres somos golpeadas, o las hijas maltratadas o violadas y nunca dicen nada, Todos se quedan callados, los tapan, y dicen… solamente lo dejan en manos de Dios cuando no debería será así. Por eso yo no voy a descansar hasta encontrar a los culpables- dice la mamá de Pamela.

Eleocadia no está sola en la búsqueda de justicia para su hija y eso también es lo terrible, porque las familias que la acompañaron este 5 de junio en el Centro Ceremonial Otomí para recordar a Pamela, forman una multitud y cuando pasaron lista, el pase de nombres se extendió por más de cinco minutos y aún así los nombres no se terminaban. Esa lista resume la tragedia de México, un pueblo profundamente feminicida, que se ríe de estas muertes.

Eleocadia salió de su casa el 9 de mayo de 2020 para ir a trabajar a la purificadora de agua, como lo hacía todos los días. Iba tranquila porque dejaba a Pamela en su domicilio, a cargo de una tiendita de dulces que la chica atendía en tanto se podía regresar a clases, suspendidas por la emergencia sanitaria del coronavirus.

-Apúrate, mamá, échale ganas hoy para que regreses pronto -le dijo Pamela, después de que Eleocadia la abrazara y le diera la bendición.

-Y ya cuando me entero de lo que había pasado, me avisan como a las cuatro- recuerda la madre- que ya cerrara.

Entonces quien le dice eso la abraza y le hace saber que algo le pasó a Pamela.

Fue el patrón de Eleocadia quien la lleva de vuelta a su casa y quien también le dice que la niña estaba muerta. Asesinada.

-Yo, ya cuando entro, veo a la niña que está bocabajo. Na’más le alcancé a ver un piecito arriba. Estaba tapada con un lavadero y le habían puesto unos tabicones encima… en un tambo de agua, porque siempre reciclábamos el agua, porque a veces no tenemos ni agua. Tengo dos tambos, uno para los trastes y otro para… pero al entrar me encuentro a la niña así.

Después llegaron los peritos y levantaron el cuerpo. A Pamela se la llevaron y la Fiscalía llamó a su madre poco después, para tomarle declaración y ella dijo todo lo que había pasado. Y eso fue todo. Eleocadia dice que hay algunos avances, pero acepta que un país como este se debe ser paciente. Los avances han sido gracias a la presión que ella misma ha realizado. Estuvo en plantón cerca de 15 días y está convencida de que esos, los que le quitaron la vida a su hija, tienen que aparecer.

-No lo puedo creer. A mi niña la vi en la mañana tan bien, tan bien, y al final de cuentas, cuando llego, ya… está muerta. Alguien le quitó la vida. Primero llegó una prima de Pamela, que la visitaba para darle una sorpresa, y cuando entró se percató de que todo estaba en silencio, porque siempre tiene la música mi niña, siempre la tiene, y si no es la música es la tele la que está…

Ese día Eleocadia se había apurado en su trabajo para cerrar a las seis de la tarde sin contratiempos, y llegar a su casa para ver a sus hijos.

-Mi niña no está. La amarraron con… de sus manitas… así y en su boca le metieron ropa y le amarraron las agujetas de manera que ella no pudiera caminar. Y… me imagino que la agarraron y la metieron al tambo y la ahogaron hasta que se ahogara. Le pusieron las esas cosas de manera que mi niña no pudiera salir, porque la niña sabía nadar. Entonces yo creo que de tanto forcejearse de que quería salir se zafó una manita. Eso fue… no la golpearon, no la violaron. No sé, no sé. Me dicen que no hable, imagínate, al rato te toca a ti, al rato le toca a otra y no, debemos estar unidos- dice Eleocadia con la entereza de quien sabe que se ha perdido una parte de su vida.

“Todo. Eso fue todo”, alcanza ella a decir después.

Apenas antier la madre pudo limpiar su casa. A ella le tocó recoger las cosas tiradas, sacar el agua de los tambos, que se quedó ahí desde el asesinato de la chica.

-Yo sentía que la vida se me iba ahí. Entonces le pido a las autoridades. Lo hago también por la gente otomí, que deje de tener miedo, que debe hablar, que debe alzar la voz porque nuestras niñas, pues sí, ya están muertas. Ellas ya no pueden defenderse. Y no sé porque ese desgraciado que se metió a mi casa… él sabía que yo no estaba en casa porque ¿cómo llegó a quitarle la vida a mi niña? A lo mejor hasta me conoce, y entonces sabía los movimientos de la casa. Sabía perfectamente que la niña se encontraba vulnerable y sola. Yo nomás les pido que no me dejen sola en esto, que visibilicen el caso de Pame, porque yo seré la voz de Pame, como se lo prometí cuando estaba en su ataúd. A ella desde pequeña nunca le faltó nada, yo le eché un chingo de ganas.

El festejo del último cumpleaños de Pamela está presente en la memoria de su madre, quien dice que “fue un simple pastel”, un domingo antes de que muriera. Cuatro días después sería asesinada.

-Me faltó decirle cuánto la amaba y cuánto la quería. Yo me acuerdo cómo la deje, con sus dos trencitas. Traía una chamarra vino y un pantalón de mezclilla, sus tenis rojos. Así la recuerdo. Siempre seré su voz, hasta que encuentre a los culpables. No me importa que sea lo último que haga.

La madre acepta también que todavía no hay una línea de investigación, y eso sucederá hasta que terminen los peritajes y ha comenzado a preguntar con los vecinos, por si hubieran visto algo. Pero ellos tienen miedo y Eleocadia, mirando como para adentro, no entiende por qué les da miedo.

*

La lista de mujeres víctimas de feminicidio es interminable: María de Lourdes Martínez, Diana Villafán, Arely Mendoza, Sofía Roldán Chávez, Leslie Ailem, Bianca Fernández, Virginia Morales Lucero, Montserrat Flores, Laura Angélica Sandoval, Evangelina Alcalá, María Buendía, Brenda Sarabia Curiel, Verónica Guadalupe Benítez, Esbeydi Conzuelo Fernández, Margarita Palacios Castro, María José López Herrera, Vanessa Contreras Sánchez, Arlette S, Campira Lisandra, Claudia Alondra, María José Monroy Enciso, Daniel Jiménez, Fernanda Sánchez Velarde, Lorena Cruz Licona, Keyla González Lavín, Iliana Ríos, Diana Velázquez Florencio, Mayra Noemí Pérez, María de los Ángeles Ávila, Natalia Iraís Limón y Jimena Vargas, entre otras más.

Fotografía: Ramsés Mercado.

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