Emir Calderón

Ciudad de México; 30 de junio de 2020. No hay duda que la organización criminal más poderosa en México es el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG). Si la década del 2000 correspondió a la hegemonía del Cártel de Sinaloa y Los Zetas, la del 2010 es la de la agrupación liderada por Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, por quien la Agencia Anti Drogas de Estados Unidos (DEA en inglés) ofrece 10 millones dólares por información que conduzca a su arresto.

¿Qué ha impulsado al CJNG para consolidarse como una agrupación de presencia global y con un gran poderío en el empleo de la violencia en México? El CJNG ha sabido sacar beneficios de las crisis y diversas coyunturas económicas y políticas han jugado a su favor. Los desarrollos de las tecnologías de la información, así como las comunicaciones y transportes, han sido también aprovechados por criminales. Pero gran parte de su ascenso se relaciona con el crecimiento de la industria de las drogas sintéticas y el haber adoptado medidas y negocios ilícitos de otros grupos. A nivel mundial, el de las drogas sintéticas es uno de los mercados más rentables y el control, casi monopolio, ha recaído precisamente en el CJNG.

I. CJNG: los nuevos reyes del ‘crystal’

La crisis económica del 2008 – 2009 tuvo dos efectos notorios en materia de drogas. Por un lado los consumidores aumentaron su búsqueda de drogas más accesibles en términos de precios. La necesidad fue resuelta por medio de las sustancias sintéticas: más baratas, de mayor potencia y en diferentes presentaciones, aunque la modalidad inyectable era la más común. Para los gobiernos, la crisis significó el ajuste de sus respectivos presupuestos, incluyendo aquel destinado a temas de salud pública. Curiosamente, los gastos militares parecen no haber sufrido este impacto.

La situación descrita fue muy notoria en los Estados Unidos. Desde el año 2010 comenzaron a circular en las calles drogas a base de fentanilo. Conocida en las calles como  Apache, China Girl, China White, Dance Fever, Friend, Goodfellas, Jackpot, Murder 8, y Tango & Cashanciua, esta sustancia desplazó del mercado a productos como la heroína o la morfina. Las consecuencias no tardaron  en manifestarse. Según el Instituto Nacional sobre Abuso de Drogas de Estados Unidos (INDA), desde 1999 y hasta el año 2015 la heroína constituyó la primera causa de muerte por sobredosis en dicho país. En esa última fecha murieron más de 15 mil personas por el abuso de la sustancia. Sin embargo, en 2016 el fentanilo superó a la heroína. Un año después se registraban más de 28 mil muertes vinculadas a sobredosis por dicho opioide.

Cuando el CJNG hizo sus primeras apariciones públicas y mediáticas en México, en el año 2011, el mercado de drogas sintéticas estaba consolidado en los Estados Unidos. La corrupción en la industria farmacéutica y en el ejercicio de la medicina tuvo un papel fundamental en ese proceso. El gobierno de Barack Obama, sin plan de salud en materia de drogas como una reducción de daños hacia los consumidores, solo observaba cómo la crisis de los opioides crecía. En medio de este panorama el CJNG se colocó como el principal distribuidor de drogas sintéticas, muchas de ellas elaboradas con materiales provenientes del continente asiático, hacia el mercado negro estadounidense.

Ese tipo de narcotráfico y rutas no eran nuevos. Cuando menos, en su modalidad contemporánea, se remonta a inicios de la década de 1990 cuando los hermanos Amezcua, del Cártel de Colima, viajaron a la India para buscar proveedores de precursores químicos y fabricar metanfetaminas. Tras la caída de los colimenses, fue el de Sinaloa el que tomó la directriz de esos circuitos criminales en el siglo XXI. La conexión con el este asiático, específicamente China, se convirtió en un asunto fundamental para los narcotraficantes. No solo por el asunto de las drogas sintéticas, sino por el posterior comercio ilegal de recursos naturales y minerales, así como de fauna silvestre, que se estableció desde México hacia el gigante asiático. Los Caballeros Templarios fueron claro referente en esto último.

II. La pandemia: el cierre de la ‘llave china’

China, potencia en la industria farmacéutica y en la innovación científica de medicamentos y sustancias, es un país clave para el CJNG. La poca regulación que existe en ese país sobre distintos sectores económicos crean las condiciones perfectas para el mercado negro transnacional. Las drogas de síntesis son productos que han aumentado su oferta y demanda en las últimas décadas y que han generado un “boom” de laboratorios farmacéuticos clandestinos por toda China. Desde esos lugares hay invenciones de sustancias que están desplazando las formas de producción tradicionales. El fentanilo comenzó a hacer a un lado a los cultivos de amapola. Esto también se tradujo en la sustitución de campesinos por personas con conocimientos técnicos en química. Es más rentable, accesible y menos riesgoso transportar algunos pequeños frascos con fentanilo que apostar por un voluminoso cargamento de goma de opio.

Desde la nación china se están moldeando los modos de consumo de sustancias psicoactivas. Tal es el caso del spice, marihuana sintética, que en un futuro podría desplazar a la planta y a toda la economía en torno a su cultivo. Controlar ese tipo de mercados es uno de los principales objetivos del CJNG. El capital obtenido le ha permitido diversificar los  negocios ilícitos y ampliar sus recursos: empresas para lavar dinero, compra de armas, pagar la “nómina” o liquidez para sobornar a funcionarios públicos y alimentar las redes de corrupción en México.

Es por ello que la pandemia derivada del virus SARS-Cov-2, cuyo brote inicial se dio en la ciudad de Wuhan, China, obstaculizó las actividades del CJNG. La disminución del tráfico aéreo afectó una de las principales vías de importación ilegal de precursores químicos. A esto se sumó el hecho de que la vigilancia en aeropuertos se hizo más estricta. La opción natural fue apostar todo a las rutas marítimas, pero los puertos mexicanos son plazas en recurrente disputa y constantemente aparecen nuevos grupos criminales. Por todo el territorio mexicano las carreteras y autopistas se han convertido en verdaderos escenarios de guerra, sin mencionar los patrullajes de las Fuerzas Armadas que son, muchas de las veces, otro detonante de enfrentamientos.


Sin embargo, las dificultades elevan el riesgo y la ganancia. Obligan a todos los implicados en el tráfico de drogas a innovar, ya sea en la fabricación o en el contrabando. En el último Informe Mundial de Drogas de la ONU se ha evidenciado que la escasez de precursores químicos importados desde Asia oriental provocó un incremento de los precios de las drogas sintéticas en México y Estados Unidos desde marzo de 2020. 

La pandemia del coronavirus ha marcado matices para las actividades del CJNG. La llave china de las drogas sintéticas no está disponible del todo. Los canales de suministro no ofrecen la seguridad de antaño. Esto los ha obligado a retomar el cultivo de amapola en las sierras cercanas al Pacífico mexicano, según el Informe Mundial de Drogas de la ONU 2020, lo cual vislumbra un panorama de enfrentamientos en aquellas entidades federativas.

Pero la emergencia sanitaria global no ha sido el único obstáculo del CJNG. Desde que la administración de Donald Trump declaró, en octubre de 2017, la crisis de los opioides en Estados Unidos como una emergencia de salud pública, las acciones legales contra personajes mexicanos involucrados en el narcotráfico ha avanzado de forma notoria. Desde los tribunales de ese país se busca conformar una narrativa poderosa para atribuir gran parte de la responsabilidad de la crisis de los opioides a las organizaciones criminales mexicanas. Los juicios en contra de Joaquín “El Chapo” Guzmán y el ex secretario de Seguridad Pública de Felipe Calderón, Genaro García Luna, se enmarcan en este proceso. La reciente extradición, en febrero de 2020, de Rubén Oseguera González, “El Menchito”, hijo del líder del CJNG, también es parte de ese contexto, a la vez que un duro golpe contra el grupo de Oseguera Cervantes.    

III. El CJNG y López Obrador

El gobierno de López Obrador continuó con la estrategia de combate al crimen organizado por medio del uso de las Fuerzas Armadas, ya sea por el despliegue de las mismas bajo el amparo de la mutilación del texto constitucional o usando el uniforme de la Guardia Nacional. Sin embargo, un elemento a destacar es el trabajo de la Unidad de Inteligencia Financiera que ha emprendido acciones contundentes en materia de castigo al lavado de dinero contra el CJNG y sus aliados.

En los últimos dos años ha podido observarse que el CJNG ha recrudecido el panorama de la violencia en México. Se encuentra en constante combate con otras bandas por todo el país. Una característica de dicha agrupación es que ahora se encuentra en el epicentro de la ‘militarización’ del crimen. En sus inicios se les conocía como los “Mata Zetas”, y los Zetas eran ubicados por contar entre sus miembros con ex militares de élite y emplear sofisticadas y sangrientas técnicas de combate que pusieron en duda el monopolio de la violencia del Estado mexicano. Ese legado parece haber sido apropiado por el CJNG. En menos de un año dicha organización ha ejecutado cuatro despliegues de violencia que muestran su poderío táctico y de armamento, así como su avanzada contra distintos niveles de gobierno y poderes de la Federación sin preocuparse por la discreción: el asesinato de dos ciudadanos israelíes en un centro comercial de la Ciudad de México, en junio de 2019; la desaparición y el feminicidio de Anel Bueno, diputada colimense, entre abril y junio de 2020; el homicidio, junto al de su esposa, del juez federal Uriel Villegas, igual en junio de 2020; y el atentado contra el secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México, Omar García Harfuch, ocurrido hace un par de días.

Aunque no se hace explicito, es claro que uno de los objetivos del gobierno de López Obrador es la captura, y posible extradición a los Estados Unidos, de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, situación que lo pone en cuestionamiento por no emplear el mismo énfasis contra las fracciones surgidas del Cártel del Pacífico, de las cuales destacan tres: la liderada por el “Mayo” Zambada, los hijos del “Chapo” Guzmán y los afines a Rafael Caro Quintero. El CJNG se encuentra en la mira del gobierno mexicano y en la de Donald Trump. El 28 de junio se dio captura a Jaime “N”, alías “El Alacrán”, presunto responsable de las muertes del juez Villegas y la diputada Bueno. Los golpes contra la organización, por la vía del enfrentamiento armado contra las Fuerzas del Estado mexicano u otros grupos del crimen, así como el congelamiento de sus cuentas bancarias, las capturas de líderes y las extradiciones hacia Estados Unidos, sin dejar de mencionar el contexto del cierre de suministros desde China y la disminución de las vías de distribución hacia Estados Unidos y otras partes del mundo, han mermado el margen de maniobra del grupo de Nemesio Oseguera.

Las reacciones violentas de CJNG son, en parte, respuesta al contexto anterior. Expresión del reacomodo político, económico, sanitario y criminal, a nivel nacional e internacional. Sin embargo, tomando en consideración la historia reciente del crimen organizado en México, no debe perderse de vista que las explosiones de violencia ligadas a estos grupos no solo se vinculan a la afectación de los intereses de la delincuencia, sino que la corrupción, las presiones externas, las malas decisiones internas (sin distinción de niveles de gobierno o partidos políticos), e incluso las traiciones en distintos ámbitos, desempeñan un papel de importancia. Esto falta por esclarecerse todavía y el gobierno mexicano actual poco ha avanzado en detallar los últimos elementos referidos. Es una tarea pendiente y urgente de concretarse a nivel nacional; de no hacerse, no hay condiciones para vislumbrar un panorama de ‘pacificación’ en México o, cuando menos, de reducir las muertes por homicidio.   

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