¿De qué me sirve salir de esta inmensa ciudad, si de quien pretendo huir seguirá dentro de mí, y eres tú?

Love of Lesbian

Daniela Albarrán

Toluca, México; 22 de junio de 2020.

En esta época de pérdidas hablamos del dolor, de los momentos que vivimos con esas personas y de las cosas que eran suyas; pero nadie habla de los lugares que ha dejado esa persona.

Los objetos finalmente son eso, objetos. Cosas que en algún punto cumplieron una función. Pero los lugares son otra cosa. Están asociados con momentos y recuerdos que, por desgracia, no se pueden regalar ni tirar a la basura.

Hace muchos años sufrí mi primera decepción amorosa. Afortunadamente, el mundo ni se inmutó y mi vida siguió su curso. Las cosas de él, como cartas, fotografías y libros los tiré, los regalé y poco a poco me fui deshaciendo de ellos.

Pero los lugares que compartimos siguen estando. Él se fue de la ciudad, pero yo me quedé, y me quedé en una ciudad testigo. Poco después de que terminamos, no quería salir de mi casa, pero no por que estuviera triste o deprimida (que sí, un poco), sino porque cualquier lugar al que fuese me recordaba a él.

Recuerdo bien que íbamos juntos a una librería de viejo a ver las novedades que traía el librero. Tuvieron que pasar varios meses hasta que, por fin, pude volver ir a ese sitio. Las rutas que hicimos debía ahora hacerlas sola. Veía a la gente y no entendía cómo era posible que esas personas estuvieran pero él no.

¿Qué se hace con los lugares que nos recuerdan a alguien? Esa banca, esa librería, ese parque, una ciudad entera. No se puede huir de los lugares porque en algún momento uno se tiene que enfrentar a ellos, y eso implica. también, recordar a la persona que perdimos.

Sé bien que no podía quemar esa librería como las cartas que me dio. Entonces, poco después, me di cuenta que el problema no era en sí el lugar, sino los recuerdos que me evocaban. Lo que hice fue sencillo: iba a esos lugares sola o con otras personas, pero trataba de que esas visitas fueran significativas: construir otras vivencias. Reconstruir recuerdos.

Olvidar es imposible. No podemos hacer lo que pasa en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, tomarnos una pastilla y olvidar selectivamente. Lo que sí podemos es volver a vivir otras cosas, no para olvidar, sino para sanar.

Lawrence Durrell escribió que “una ciudad es un mundo cuando amamos a uno de sus habitantes”, y yo no podría estar más de acuerdo, porque caminar nuestras ciudades es recorrer la memoria, y por supuesto, recordar a la gente que fue significativa en nuestra vida; recorrerlas es también una forma de olvidar.

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