Miguel Alvarado

Toluca, México; 9 de junio de 2020. Una carroza fúnebre de color gris sale por la noche con su carga inerte rumbo a una de las cuatro funerarias -Programa de Apoyo de Beneficio Social (PABS), Latinoamericana Recinto Funeral, Funerales Luja y Funerarias Sánchez Villafaña- que rentaron un lote en el cual se adaptó un cuarto como laboratorio para la preparación de cadáveres, sin licencia de operación.

La carroza ha sido filmada desde un celular y circula por la calle en sentido contrario para, metros adelante, dar vuelta sobre la avenida Hidalgo, casi en el centro de Toluca. La segunda carroza, una camioneta negra tipo Suburban, la sigue a poca distancia. Una tercera unidad, con las intermitentes encendidas, sigue la misma ruta. Estos tres vehículos son parte de las 20 carrozas que todos los días, dese principios de marzo comenzaron a llevar cuerpos al número 104 de la calle Fray Andrés de Castro.

La noche en que grabaron la actividad de las carrozas, los destellos rojos de una de ellas alcanzaron a iluminar a una persona mientras cerraba las puertas del zaguán blanco. Ese hombre fue reconocido después como Alberto Tatempan Mejía, encargado de la tienda de abarrotes ubicada junto al predio, pero también cuidador y responsable de las actividades del laboratorio, en la colona San Bernardino.

Tatempan se identificó ante verificadores como “Técnico Embalsamador […] quien comenta que este predio tiene su giro como autolavado, pensión con 25 lugares marcados y un área utilizada como laboratorio para embalsamar cadáveres; […] comenta que este laboratorio está fungiendo a partir del mes de marzo”, lo cual consta en una de las actas levantadas por personal de Desarrollo Económico, que visitó el lugar el 27 de mayo de 2020. Ahí encontraron que el laboratorio no contaba con licencia de Funcionamiento ni con algún otro documento que acreditara su actividad comercial. Tatempan tampoco pudo presentar el plan de emergencias de protección civil ni los señalamientos de la NOM 003 SEGOB relativos al manejo de productos químicos. Ese 27 de mayo la Secretaría del Ayuntamiento, la Coordinación Jurídica y la Consejería Jurídica de Toluca notificaron a la Fiscalía del Edoméx del “hallazgo de cadáveres en suspensión de comercio”, lo cual consta en el oficio 201012002/2115/2020, en poder de este portal de información.

Las funerarias pudieron ser identificadas por los vecinos, que observaron que carrozas pertenecientes a las empresas ya mencionadas entraban y salían.

II

– Yo puedo rentar mi propiedad a quien yo quiera, mientras paguen la renta- dijo Jorge Zenil, uno de los dueños del predio a vecinos que le preguntaron si era verdad que se instalaría un servicio fúnebre, pero la respuesta que les dio cerró el diálogo a rajatabla, aunque antes les dijo que lo que se instalaba ahí era una bodega para funerarias y nada más. Eran principios de marzo y muy pronto comenzaron a entrar camionetas o carrozas del servicio funeraria a todas horas, las cuales aparecen en fotos y videos.

Los reclamos de los vecinos a las autoridades para que revisaran el lugar también ocasionaron que algunos de ellos recibieran amenazas de muerte e intimidaciones.


En realidad, el negocio era un laboratorio que operó durante un tiempo hasta que la presión ciudadana consiguió que se clausurara. Sin embargo, esto tuvo que realizarse dos veces, pues la primera clausura no fue respetada por los trabajadores y choferes de los servicios fúnebres.

El laboratorio de las funerarias comenzó a operar desde marzo, en el predio cuyos dueños son Jorge, José y María Zenil, y fue clausurado por autoridades municipales el 27 de mayo de 2020. El 4 de junio los cuatro sellos que habían sido colocados en el zaguán del negocio fueron violados y personas vestidas de civil entraron, cerca de las dos de la tarde, para sacar autos particulares que se hallaban ahí. Esto sucedió ante elementos policiacos pero sin la presencia de representantes de la Fiscalía del Estado de México, la cual debió estar enterada y atestiguar el hecho. Todo lo anterior fue documentado con fotografías y videos.

El inicio de operaciones del laboratorio coincidió con la llegada de la pandemia de coronavirus a la ciudad.

– Las casas se llenaron de un olor proveniente de la putrefacción que se colaba por el drenaje y las coladeras de los baños. Eso nos ocasionó dolor de cabeza, sangrado de nariz y náuseas, síntomas que hasta el momento persisten. También vimos cómo tiraban desechos quienes operaban el lugar al drenaje local- denunciaron afectados. Una imagen de los desechos que generaba ese laboratorio permite ver gasas y envolturas de guantes estériles de la marca Ambiderm, usados para exploración y resistentes a productos químicos, tirados sin más entre basura doméstica.

Otros afectados refirieron que “en las noches salía como un vapor tipo neblina, que olía horrible. La verdad, eran noches de no dormir de la peste tan increíble, porque era por las noches cuando más cuerpos traían a preparar, cuando más barullo hacían”.

Hasta hoy, la pequeña cuadra en la que se ubica el 104 de Fray Andrés de Castro está custodiada por civiles que estacionan sus autos a las afueras del negocio, para vigilar que nadie ajeno se acerque o tome fotos.

III

La clausura del laboratorio, llevada a cabo por autoridades de Desarrollo Económico y de Protección Civil no sirvió de nada. Pusieron los dos primeros sellos al zaguán de la calle por donde entraban las carrozas, pero eso no impidió que las actividades continuaran. Por ese zaguán siguieron pasando carrozas y personas, y los cuerpos siguieron preparándose ahí, en un pequeño cuarto pintado de blanco, con una franja gris. En la puerta del cuarto donde se practican los embalsamados, de aluminio y con cristales opacos en el centro, se colocó un sello amarillo de suspensión. Lo mismo sucedió con otra entrada, esta de puertas corredizas, en la cual fueron pegados carteles similares.

Nuevamente las gestiones de los vecinos consiguieron que se realizara una segunda clausura, y en esta, acatando la orden de verificación asentada en el oficio DAC/265, emitida por la directora de Atención al Comercio, Delfina Martínez Herrera, ya se pusieron los sellos adecuadamente.

La confrontación entre el dueño del predio y los vecinos generó que algunos de ellos recibieran amenazas de muerte, por lo que ahora se cuidan de salir de sus casas y de hablar del asunto en público, refirieron testigos que omiten nombres por seguridad personal.

Otros testigos narran que al salir de su trabajo fueron seguidos en los trayectos hacia sus casas o lugares a donde se dirigían, y tuvieron que pedir ayuda para repeler a sus perseguidores. Que el laboratorio de la calle Fray Andrés de Castro pueda operar nuevamente y que las amenazas de muerte y amedrentamiento se extiendan se ha convertido en la mayor preocupación de quienes se atrevieron a denunciarlo.  

Toluca, a la que hasta el 9 de junio la Secretaría de Salud federal le adjudicaba 55 muertos por coronavirus y mil 69 casos confirmados de coronavirus, atestiguaba otra realidad en calles y hospitales, lo cuales desbordaba esos números. El 28 de mayo el alcalde de la ciudad, Juan Rodolfo Sánchez Gómez, anunciaba que el municipio se acercaba a las 200 muertes, y aunque no se atrevió a decir que eran por covid-19, señaló que estaban relacionadas a la sintomatología de la infección.

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