Emir Calderón
Ciudad de México; 20 de abril de 2020. “Lo decimos con todas sus palabras, ya no le haga caso a Hugo López-Gatell”. Este fue el contundente mensaje que pronunció el viernes 17 de mayo, en televisión nacional, Javier Alatorre, para desmeritar al subsecretario de Salud, el referente político y científico de la estrategia para mitigar la pandemia producida por el SARS-CoV-2, mejor conocido como coronavirus. Alatorre es uno de los comunicadores con más influencia en el país y desde 1994 conduce el programa “Hechos”, el noticiero estelar de TV Azteca, la segunda televisora de importancia en México.
¿Por qué un presentador de noticias de la talla de Alatorre se lanzó de forma tan directa contra una de los personajes políticos más relevantes del momento? La búsqueda de esta respuesta está inmersa en un contexto profundo que nos remite a una de las historias que vinculan a los grandes empresarios con el poder político en México.

I. Los Orígenes
Durante el Porfiriato, hubo un desarrollo de la industria del algodón, así como un auge de las vías de comunicación y de transporte, hacia el interior y exterior del país. Esto hizo que el sector referido fuera uno de los más productivos. ¿Qué se puede hacer con el algodón? Entre otras cosas, colchones. Y con el colchón, se necesitan camas. En este negocio incursionó Benjamín Salinas Westrup (tatarabuelo de Salinas Pliego), quien se asoció con su cuñado, Joel Rocha Barocio. Ambos provenían de familias presbiterianas que apoyaban el “Movimiento de Restauración” en el noreste de México, principalmente en Monterrey.
Con el visto bueno del influyente general Bernardo Reyes (amigo cercano de Thomas Westrup, abuelo de Benjamín Salinas) y otras figuras del Porfiriato tardío, los empresarios mencionados fundaron, en 1906, la primera mueblería “Salinas y Rocha”, una compañía de muebles con sede en Monterrey. Con la llegada de la Revolución, todos los sospechosos de apoyar o tener cercanía con Reyes fueron cesados de los puestos de gobierno, al igual que los apoyos que recibían del mismo. Joel Rocha, que también era profesor, fue despedido de su plaza docente, lo que lo obligó a dedicarse, junto con su cuñado, de lleno a la fabricación y venta de camas, así como de otros muebles.
En 1917, Salinas y Rocha se constituye como empresa, pero única en su tipo hasta el momento. Adoptan el modelo de “holding” (empresa de empresas, que retomaría Gómez Morín en 1936) y en la década de 1920, ahora bajo el amparo de la familia revolucionaria, e innovan en el sistema de créditos. En un contexto donde no hay instrumentos financieros consolidados ni regulaciones, no solo venden miles de productos sino que, durante las tres décadas siguientes, son pioneros en impulsar la cultura de la deuda a nivel micro.
Para la década de los años cincuentas, con el desarrollo tecnológico que potenció la industria de los electrodomésticos, los negocios de los Salinas y allegados obtuvieron permisos del gobierno de Miguel Alemán para importar y manufacturar televisiones y radios. Nace así “Grupo Elektra”, idea de Hugo Salinas Rocha, que con la red que consolidó su padre y su tío, en términos de distribución de muebles (conformada por varias empresas), tuvo lo necesario para acaparar e inundar el mercado. En 1952, el hijo de Salinas Rocha, Hugo Salinas Price (nieto de Salinas Westrup y padre de Salinas Pliego), asume la gerencia de la tienda y para 1961, la dirección general, ocupando el lugar de su padre, quien es retirado del puesto por la “manera agresiva” de conducirla. Anticomunista abierto, Price en este tiempo cuenta con la asesoría de Manuel Gómez Morín, fundador del PAN y quien consolidó un grupo fuerte de empresarios que, beneficiándose de puestos públicos, lograron llevar, de manera paralela, prósperos negocios. Gómez Morín es, además, presidente del Consejo de Administración de Grupo Salinas de 1951 a 1965.
Por el éxito de sus ventas, pero también por el respaldo político que poseía, el Bank of America otorga un fuerte crédito, en 1963, a Grupo Elektra para ampliar su poderío económico. Durante el sexenio de Díaz Ordaz (con tasas de crecimiento del PIB de hasta 11 por ciento) y algunos años de Luis Echeverría, Grupo Elektra llega con sus productos a todo el país. Los clientes, con dinero en los bolsillos, se van satisfechos con la política de “disfrute ahora, pague después”. Este trato cambiaría a mediados de los setentas, cuando la devaluación del peso obliga a Elektra a aceptar solo pagos de contado: si no tiene, ni venga. Un episodio que muestra también otra de las caras de Salinas Price es la resolución de la huelga de trabajadores de Elektra en 1978: con ayuda de esquiroles “robaba” su propia mercancía del almacén tomado para llevarla a otra bodega y venderla. Al desgastarse la huelga, cuando solo quedaban los líderes, resolvió lo siguiente: acceder a todas las demandas de los inconformes y reinstalarlos para después despedirlos “con todas las de la ley”.

II. La época de Salinas Pliego
La crisis de 1982 impactó de gravedad al Grupo Elektra. Por aquella época regresaba de realizar una maestría en finanzas, en Estados Unidos, el hijo de Salinas Price: Ricardo Salinas Pliego, quien en 1987, a los 32 años, asumiría la cabeza del negocio familiar. Salinas Pliego ya había logrado establecer fuertes alianzas y contactos con poderosos grupos del sector político y empresarial. Antes de irse a Estados Unidos se había comprometido con Ninfa Sada Garza. Formado en el extranjero y ante el contexto de la “década perdida”, Salinas Pliego era conocedor de las medidas que el gobierno mexicano tenía que adoptar para salir de esa coyuntura. El sexenio de Salinas de Gortari fue una especie de “repartición del pastel”. Y Salinas Pliego sabía dónde, cuándo y cómo lo iban a dar.
Al frente de un grupo de empresarios y aprovechando sus conexiones políticas, Salinas Pliego, durante de la década de 1990, pudo realizar y obtener lo siguiente: incursionar en la Bolsa Mexicana de Valores; comprar el canal de televisión pública “Imevisión” y convertirlo en TV Azteca; adquirir el equipo de futbol “Monarcas” e introducirse en el campo de la telefonía móvil con la empresa “Unefón”. Eran “paquetes ofrecidos por el gobierno”, como señala en su biografía Salinas Pliego, y catapultaron, con una inversión relativamente mínima, al ahora Grupo Salinas.
En el sexenio de la alternancia, Vicente Fox le permitió al Grupo Salinas tener su propio banco e incluso manejar una modalidad del nuevo esquema de retiro: las afores. En términos políticos, en esta época TV Azteca hace una alianza con su “rival”, Televisa, para estructurar una campaña mediática contra el Ejército Zapatista de Revolución Nacional (EZLN). Además, Grupo Salinas se expande por Centro y Sudamérica, además de incursionar en la Bolsa de Valores de España. Se ve envuelto, también, en la toma ilegal de las instalaciones de Canal 40. Con Felipe Calderón, obtiene los beneficios para brindar telefonía, televisión de cable por medio de la fibra óptica. Es de destacar que, en 2009, Ninfa Salinas, la primogénita de Salinas Pliego, fue diputada federal y, posteriormente, senadora de la República, y por eso fue conocida por formar parte de la “telebancada”, legisladores que llevaron los intereses de las televisoras al Congreso de la Unión.
Desde que Salinas Pliego asumió la titularidad del Grupo Salinas, algo ha caracterizado al consorcio: los beneficios fiscales que ha recibido por parte de los gobierno en turno. Salinas ha deducido millones de pesos por medio de sus fundaciones y actividades “filantrópicas” como el “Juguetón” o el “Movimiento Azteca”. Sin embargo, la condonación de impuestos ha llegado a niveles aún mayores. Tan sólo en el sexenio de Enrique Peña Nieto, 8 filiales de Grupo Salinas fueron exentas, por parte del Sistema de Administración Tributaria, de pagar 6 mil 934 millones 873 mil pesos. En 2016, Salinas se vio involucrado en el escándalo de los “Panama Papers”, lo que colocó sus negocios en la mirada de las autoridades fiscales nacionales e internacionales. Aunque no se pudo comprobar, pero tampoco desmentir la situación, lo cierto es que Salinas Pliego aumentó considerablemente su fortuna: en ese año sus propiedades ascendían a 4.3 mil millones de dólares; para 2019, Ricardo Salinas Pliego se convirtió en el segundo hombre más rico de México al acumular 11.7 mil millones de dólares.


Con el gobierno de la “Cuarta Transformación”, Grupo Salinas llegó con buenas cartas.

Salinas Pliego se colocó como uno de los miembros del Consejo Asesor Empresarial de López Obrador, junto a personajes como Carlos Slim o Carlos Hank. En los inicios de este sexenio también ha tenido privilegios: Total Play gestiona los sistemas de video-vigilancia de la Ciudad de México y Seguros Azteca tiene a los policías capitalinos y a los bienes de la Secretaría de Educación Pública federal, cuyo titular es Esteban Moctezuma, el ex presidente de “Fundación Azteca”, también de Grupo Salinas. Además, Banco Azteca gestiona algunos pagos de los programas sociales del obradorismo. Tras bambalinas, Ricardo Salinas Pliego aparece como un “mecenas” del presidente actual desde la época en que éste era Jefe de Gobierno.

III. Grupo Salinas, el obradorismo y la pandemia del covid-19
Hugo López-Gatell, el subsecretario de Salud en México, se ha convertido en la figura política y la cabeza mediática con mayor legitimidad durante la pandemia del coronavirus en el país. A diario, conduce un informe –en punto de las 19:00- y, entre otras cosas, indica las medidas sanitarias tomadas por el gobierno, muestra el avance de los casos de infectados y fallecidos por Covid-19, y comenta, junto con otros funcionarios, diversos temas relacionados a la salud pública. Además, escucha comentarios de la prensa y resuelve dudas sobre lo presentado, lo cual ha servido para que la población en general conozca mejor la importancia del distanciamiento social conocido en México como “Jornada Nacional de Sana Distancia”, la cual inició con energía el 20 de marzo de 2020 y es una de las medidas para contrarrestar el contagio generalizado por coronavirus. En una de esas pláticas, el subsecretario subrayó que, desde la declaratoria de emergencia, cada titular de entidad federativa es, a su vez, autoridad sanitaria. Eso explica por qué hay diferentes medidas y estrategias, a nivel estatal y municipal, frente a la pandemia en todo el país. Hay una coexistencia de iniciativas y, por lo tanto, de registros. Esto, en efecto, supone un problema de organización y de transmisión de la información grave, mismo que se manifestó en las diferentes cifras de infectados y muertos que mostraron algunos gobernadores –como el de Baja California Norte- respecto de los datos federales. Este problema de comunicación fue el punto de fuga para la avanzada del Grupo Salinas. Aprovechando la pugna estatal-federal, lanzó un golpe mediático bajo el argumento de que el gobierno de México, en voz del subsecretario López-Gatell, mentía.
El partido gobernante actual en México tiene una ruptura fuerte, cuyo origen es su misma formación: es un “catch all party” (partido atrapa-todo). Por lo mismo, hay diferentes grupos y posturas. Por un lado, desde la Jefatura de la Oficina de la Presidencia se privilegia el diálogo con las élites económicas y políticas del país, donde Salinas Pliego tiene respaldo e influencia en las decisiones macroeconómicas. En otro tenor, están los grupos que necesitan revivir al erario para mantener la maquinaria partidista, la administración pública y los programas sociales, los cuales tienen la intención de llegar a los sectores más vulnerables del país (y también tienen un toque corporativo). Sin embargo, la cobertura de dichos programas apenas llegaron a los 25 millones de beneficiarios, durante 2019, en un país de más de 130 millones de habitantes, donde el 77 por ciento de la población vive con menos de 20 dólares al día.
Desde enero de 2020, el Servicio de Administración Tributaria ha insistido en que el Grupo Salinas debe a la Federación al menos 14 mil millones de pesos (aproximadamente 608 millones de dólares). Acostumbrado al privilegio fiscal, Salinas Pliego ha negado esta situación. No obstante, el fisco mexicano se ha caracterizado en este sexenio por su poca flexibilidad y ha emprendido una investigación al respecto, lo que ha llevado a Salinas a movilizar sus cartas legales, dispuesto, en caso de ser necesario, a emprender una batalla contra el Estado mexicano, situación en la que se sabe respaldado política y económicamente. A este hecho se suman dos eventos más: los malos números de la economía mexicana, producto de la crisis financiera de 2008 que todavía pasó factura en el 2019 y que se agravó con el segundo elemento a destacar, a saber, la pandemia del Covid-19.
En las últimas 3 décadas el empresariado mexicano se ha caracterizado por apoyar la inversión pública para proyectos de infraestructura. El beneficio que obtienen es que, una vez terminadas las obras, se otorgan atractivas concesiones. Pero el gobierno de AMLO ha delegado sus tres principales construcciones (Aeropuerto Santa Lucía, Refinería Dos Bocas y Tren Maya) en manos del Estado; dos de ellas fueron adjudicadas directamente al ejército, uno de los grupos más beneficiados del obradorismo. Las inversiones de Salinas Pliego se han quedado al margen de este tipo de proyectos. Salinas sabe que el 2020 no depara un buen panorama para la economía mexicana. Las proyecciones del FMI estiman que, después de Venezuela, México será el país latinoamericano más afectado con una caída del PIB de cerca de 6.6%. Esto acabaría con la “buena racha” de ganancias que ha tenido el empresario desde 2016.
Desde que se declaró la emergencia sanitaria, el gobierno anunció una serie “actividades no esenciales” durante la pandemia del Covid-19, las cuales tienen el llamado a parar labores. Salinas Pliego logró introducir muchas de sus empresas en el rubro de las catalogadas como “esenciales”. Sin embargo, las tiendas Elektra se han negado a parar sus actividades con el pretexto de tener dentro las instalaciones de Banco Azteca, el cual está incluido en servicios financiero. Salinas ha pedido a sus empleados continuar laborando a pesar de que algunas de sus empresas, como Elektra, que se dedica a la venta de muebles, no son del todo fundamentales durante la contingencia. Además, es uno de los empresarios que más ha manejado el discurso de privilegiar lo económico sobre lo sanitario. El empresario ha jugado muchas cartas para resistir al cierre de locales a costa del riesgo que representa para sus empleados.
Como conclusión: el lastimado presupuesto público mexicano apenas tiene recursos para sobrellevar la crisis. Un rescate empresarial, del tamaño de Grupo Salinas, es inviable a menos que México solicite un crédito de esa magnitud, situación poco probable dada la política gubernamental actual. No obstante, es la apuesta de muchos empresarios, entre los que se incluyen la Coparmex y los miembros del Consejo Empresarial de AMLO, es decir, Salinas Pliego. La propuesta de “salarios solidarios”, por la cual algunos grandes empresarios solicitaban al gobierno 97 mil millones de pesos mensuales para pagar el sueldo a sus trabajadores durante la pandemia del covid-19, es ejemplo de ello. Por más de un siglo la familia Salinas ha tenido una conexión estatal que le ha proporcionado poder político, económico y mediático. Pero esta vez su relación no es con un gobierno homogéneo, sino una quimera política que no le da la certidumbre a la que está acostumbrado. Su imperio económico tiende a contraerse; la influencia política no es segura del todo; lo único que le queda es incursionar en el ámbito que ha consolidado desde hace casi tres décadas: el de los medios de comunicación.


Para asegurar su futuro, aventó el primer dardo contra el sostén de las medidas sanitarias federales, en voz de uno de sus alfiles más notables, Javier Alatorre, con la esperanza de que pueda prolongar la actividad de sus negocios.

La seguridad de sus trabajadores parece no estar incluida. Este podría ser el inicio de una serie de jugadas, desde varios puntos, orientadas a que la solicitud de crédito de México hacia el FMI se logre, las empresas de Salinas exenten los impuestos, reciban un vasto apoyo gubernamental y puedan recobrar el protagonismo de la información durante la pandemia. En este último punto, ya se arrojó un dardo. Pero, si aludimos al ajedrez, Alatorre no es torre, es alfil. Y López-Gatell es un caballo: se conduce con elegancia, esquiva y se resguarda fácilmente; sin mencionar que salta por encima de todos, incluso del rey.

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