Miguel Alvarado

Toluca, México; 22 de marzo de 2020. Afuera no hay nada, no hay nada y las calles, porque parece que no hay nada, están llenas como lo estarían un día cualquiera, con las muertes que nos habitan reclamando algo en cada esquina como sucede cotidianamente: los 120 muertos diarios producto del narco, las 10 mujeres asesinadas producto de nosotros, los dos niños desaparecidos de los que no se sabe de qué color era su piel.

Apenas el 9 de marzo el país guardaba silencio por otras razones pero ahora eso ya no alcanza a percibirse, aunque uno se esfuerce por encontrar en las calles las tragedias que se reportan desde otros países. Y es aquí afuera no hay nada, no hay nada, y no se llega a entender que entre uno medie la distancia, que se trabaje desde casa. Porque quién puede trabajar así cuando la casa es la calle, la barriada, el ghetto que de lejos se ve azul porque la miseria también tiene un color.

Aquí afuera no hay nada, a no ser la cotidiana violencia.

En la calle, el coronavirus se trata de algo relacionado con el tamaño de las sombras, con el calor tan cargado por las noches y con la certeza de la pérdida económica. Hasta ahora, el fenómeno del precio de la gasolina a 15 pesos el litro y el dólar en su subida histórica hasta 25 pesos, han convivido y se han combinado casi silenciosamente. Sin, embargo, se trata de dos de los elementos que componen una quiebra. El espanto por contagiarse se ha convertido ahora en el terror por quedarse sin empleo, sin alimentos ni transporte y en parte por eso las compras desaforadas. Por eso y porque a los pequeños comercios de Autopan, en Toluca, Estado de México, ya los emplazaron para cerrar.

– Este miércoles 25 sabremos si cerramos. Sería porque ya estaríamos en la fase 2- dice un tendero tan despreocupado como puede estar alguien cuya angustia es más bien de la tesitura de la rabia. Los repartidores que surten esa tienda, ubicada en la avenida Aeropuerto, una carretera apenas secundaria que une la colonia Aviación y el pueblo de San Pablo, ya también se lo han advertido. Ahí, en Autopan apenas el viernes 20 una cuadrilla del ayuntamiento fumigó la plaza pública con un compuesto que describe como “sustancias a base de sales cuaternarias de amonio de quinta generación”. La cuadrilla está diseñada para no contaminarse y caminan por las calles empuñando mangueras o tubos largos con los cuales algo esparcen en el suelo, entre los árboles y las paredes. En la espalda cargan un tanque y van vestidos con un traje blanco de plástico, que los cubre desde el cuello hasta los tobillos, pero en la cara portan un cubrebocas. Nada del otro mundo Sus ojos no tienen protección, aunque más bien se cubren del efecto del líquido que arrojan. Quienes los han visto trabajar, porque no se sabe dónde y a qué hora fumigarán dicen que ese amonio es como una dosis de Maestro Limpio, pero del caro.

– Yo no entiendo por qué nos mandan cerrar a todos. No tiene sentido porque nuestros pequeños negocios evitan que la gente vaya a los centros comerciales. Ah, no hay jamón, y a lo mejor hasta el miércoles vamos a tener- dice el dueño de la tienda Hernández, en Autopan, mientras hace su recuento de existencias. Pan, salchichas, leche, yogurt. Ya no hay jamón y no se sabe para cuándo haya de nuevo. Tortillas, frituras, huevo, cigarros, refrescos, agua.

Este 21 marzo no fue diferente a otros días y miles están afuera. Para ser un sábado de contingencia, la avenida Tollocan está intransitable a las 12 del día y los 10 kilómetros que se recorren para entrar a la ciudad se hacen en 40 minutos.

Afuera no hay nada, pero por si las dudas el obispo de Toluca, Francisco Chavolla, se subirá a un helicóptero este miércoles, o quizá un día antes, y desde las inalcanzables alturas bendecirá la ciudad. Será acompañado por Maximino Martínez Miranda, su brazo derecho, responsable de llevar las armas más importantes: el Santísimo Sacramento, una imagen de la Virgen María y las reliquias bendecidas por Juan Pablo II. Si con eso no se consigue algo, entonces nada podrá hacerse. El combate a las enfermedades desde lo místico se ha practicado siempre, en cada una de las epidemias que ha sufrido el hombre. La peste de 1736 que diezmó al país también intentó aplacarse desde lo divino, como lo recuerda el periodista Ignacio de Alba, quien dice que la virgen de los Remedios fue convocada de inmediato por las autoridades novohispanas para hacerle frente al mal, porque se trataba de la ira de Dios, del resultado del dislate del hombre, del mal comportamiento de los indios. Como haya sido, aquella peste mató a 40 mil habitantes de la ciudad de México, una cuarta parte de su población en ese entonces, dice De Alba.

Los 35 infectados que se anunciaron este domingo para el Estado de México casi duplican el número del sábado y todavía no lucen terroríficos para una entidad que es primer lugar en todo, incluso en la cantidad de habitantes. Sus 17 millones hacen olvidar que las curvas o las gráficas que han generado España y México son espejos de los mismo. Cada día, los números de ambos países parecen ser los mismos y España nos muestra un futuro que allá ya sucedió.

Mientras recorre la ciudad buscando a las cuadrillas antisépticas que fumigan Toluca, el fotoperiodista Ramsés Mercado encuentra un mosaico contradictorio.

-Hay menos gente en las calles- dice mientras retrata a médicos y enfermeras que toman signos vitales a quien quiera saber cómo se encuentra de la presión, sobre todo.

Sí, no hay gente como otros días, y tampoco hay futbol y los espectáculos públicos fueron cancelados porque las campañas han surtido algún tipo de efecto. Ayer el Cosmovitral era una vendimia de tacos, tortas y tamales y los puestos de los ambulantes estaban repletos de hambrientos. Lo mismo pasó en la Alameda, en el mercado Morelos y en las fondas de la colonia Granjas. Pero estos son los negocios que no podrán cerrar, porque de algo tienen que vivir los que trabajan en eso. Los problemas irán creciendo en el acumulado de los días. Porque se detiene la actividad, pero no la pobreza, la profunda miseria del 25 por ciento de los mexiquenses ni tampoco el día a día que permite sobrevivir solamente así, por partes.

El recorrido que hace Mercado lo pone de frente con danzantes concheros en la Plaza de los Mártires, que bailan porque así expresan mejor lo que de otra manera no puede decirse. Las calles por donde pasa el fotoperiodista no tienen tráfico. El centro está vacío y así se ven los Portales, la plaza Fray Andrés de Castro. Paseo Tollocan está vacío, la avenida Morelos está vacía y en la catedral sólo los cadetes de la policía municipal cuidan, cada uno, sus esquinas asignadas.

La desinformación es la otra epidemia: que los gringos y los chinos no pudieron controlar el virus salvaje; que la reelección de Trump y su maléfica cohorte y los precios del petróleo; que Obrador y sus escapularios santificados forman parte de un conglomerado monstruoso de aniquilación. En general, nadie sabría lo que hay que hacer, excepto que se debe acudir a las clínicas del IMSS, donde hace dos semanas, por lo menos en Toluca, tampoco sabían qué hacer.

Sobre la carretera Toluca-Ixtlahuaca, a la altura de la caseta de peaje de El Dorado, el restorán El Güero, que vende barbacoa, apenas registra la mitad de las ventas normales. Y los que van, compran y se retiran lo más rápido que pueden.


Cerrado. Cerrado. Cerrado. Cerrado. Cerrado. Abierto. Cerrado. Cerrado. Cerrado. Cerrado. Cerrado.

Así es el conteo de comercios en el barrio de San Cayetano en Toluca, que ha florecido por dos razones. La primera de ellas es el huachicol y la segunda es la presencia de estudiantes que rentan porque sus facultades están cerca. Con los estudiantes sin clases durante un mes, por lo menos, este domingo sólo la iglesia esta abierta y ahí se congregan todos.

El comercio en San Cayetano ya está paralizado y pronto en Toluca pasará lo mismo. El reportero Marco Antonio Rodríguez atestigua el desabasto que viene. El Walmart de la avenida López Mateos en la capital mexiquense ya es un camino de estantes vacíos, atiborrados de casi nada.

Por lo pronto las oficinas municipales ya no funcionan ni tampoco las dependencias de gobierno, y mañana, 23 de marzo, inicia la Jornada Nacional de la Sana Distancia.

El coronavirus tiene múltiples aprovechamientos y uno de ellos es la presión que la UNAM y la UAEMéx ejercen contra estudiantes paristas que retienen instalaciones. Mañana el gobierno de la ciudad de México anuncia el cierre de todo: restoranes, gimnasios, teatros, museos, baños de vapor, bares, centros nocturnos, cines y otros lugares entrarán en la llamada fase 2. Los partidos políticos también suspenden sus actividades, cursos y planeaciones rumbo a las elecciones del 2021. Morena, por ejemplo, ha cancelado la agenda menor del resto de marzo y lo que viene de abril.

Pero hoy, afuera no pasa nada. Todos se abrazan, se besan, comen juntos, se prestan los celulares, comen con las manos y después se besan, vuelven juntos caminando.

El fragor de la ciudad entra por la ventana y a lo lejos su insistencia se acrecienta a cierta hora. No es lo mismo la oscuridad de las 4 de la noche que esta que se vive a la mitad del día, cuando la luz enceguece y nadie puede esconderse.

Toluca espera, entre impaciente y asustada, que se confirme la presencia del coronavirus para de una vez mirar afuera y ver que ya no pasa nada o que apenas algo se está incubando.

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