Redacción VCV

Toluca, México; 21 de marzo 2020. Para los cinco pueblos indígenas del Estado de México, otomí, nahua, matlazinca, mazahua y tlahuica, el cambio de estación del invierno a la primavera marca tradiciones como el comienzo del ciclo agrícola, el Encendido de Fuego Nuevo o el Afloramiento del Fogón, sin embargo la propagación del Covid-19 en la entidad hará que este año las celebraciones ancestrales no puedan suceder.

Así, los rituales, danzas y ofrendas realizadas durante esta celebración tendrán que suspenderse pese a que la creencia marque que permite a los participantes renovarse y agradecer por lo recibido.

Según la mitología mexica, actualmente se vive en la quinta era de la humanidad: la primera era fue “Tlalticpac Tonatiuh” o “Sol de Tierra”, donde la humanidad era una raza de gigantes que fue devorada por jaguares enviados por Tezcatlipoca y así es como el mundo quedó deshabitado.

La segunda fue “Ehécatl Tonatiuh” o “Sol de Viento”, donde la humanidad de entonces fue destruida por fuertes vientos, muchos seres desaparecieron a causa del terrible desastre y los pocos sobrevivientes se convirtieron en monos.

En la tercera “Xiuh Tonatiuh” o “Sol de Fuego”, una intensa lluvia de fuego exterminó a la humanidad y los pocos que pudieron sobrevivir fueron convertidos en aves.

La cuarta fue “Atl Tonatiuh” o “Sol de Agua”, en un gran diluvio, el agua de los mares comenzó a inundar la tierra y llovió sin cesar hasta ahogar a casi todos los seres vivos. Aquellos que no fallecieron fueron convertidos en peces.

Pero después de estos fracasos, los Dioses decidieron enterrar los huesos de la última humanidad en el Mictlán, donde se quedarían para siempre como recuerdo de sus cuatro decepciones.

Tiempo después “Quetzalcóatl” convocó a los Dioses en Teotihuacán para realizar un quinto intento, sin embargo, ninguno de ellos quiso ir al Mictlán por los huesos de la humanidad anterior, materia prima para la nueva creación del hombre.

Quetzalcóatl había sido el autor de la reunión por lo que tuvo que cumplir con la misión acompañado de su hermano Xolotl.

Una vez en el Mictlán, Quetzalcóatl solicitó a Mictlantecuhtli que le cediera los huesos de las anteriores razas de humanos para poder repoblar la tierra, pero el Señor del Inframundo se negó y aunque Quetzalcóatl supo arreglárselas para robarlos y poder llevarlos a Teotihuacán, los Dioses se dispusieron para continuar la quinta creación.

Los Dioses eligieron a Tecuciztecatl y Nanahuatzin para dar vida al nuevo sol, el primero de ellos soberbio y con una actitud altanera y el segundo humilde y honrado.

Al encender la hoguera de la cual nacería el Nuevo Sol, sólo uno de los elegidos tendría el honor de convertirse y éste fue Tecuciztecatl, quien tendría que arrojarse a la hoguera, Sin embargo, se acobardó en el último instante.

Nanahuatzin tomó impulso y se arrojó al fuego divino, saliendo de la hoguera un gran sol con la temperatura y el tamaño correctos, empezó a elevarse hacia el cielo.

Tecuciztecatl sintió celos de la magnificencia de aquel nuevo sol y se arrojó también a la hoguera, pero los Dioses no podían permitir la coexistencia de ambos, por lo que Quetzalcóatl le arrojó a la cara un conejo que iba pasando por ahí y aquel radiante sol se transformó en la Luna que hoy conocemos.

El Sol que nació no tenía movimiento y se encontraba estático en el cielo, por lo que los Dioses concluyeron que debían arrojarse todos ellos también a la hoguera y así es como el hombre existe hoy, gracias al sacrificio de los Dioses.

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