Elpidio Hernández Villanueva

Toluca, México; 17 de febrero de 2020. Los 70.7 kilómetros de distancia que hay del centro de Toluca al Templo de Tepeyac no importan si trata de pagar la manda por la sanación de un familiar y tampoco para los que quieren continuar con la vieja tradición familiar.

Fue durante el transcurso del domingo cuando los devotos guadalupanos provenientes de diversos municipios del Estado de México comenzaron a llegar al primer cuadro de la capital mexiquense para alistar su partida. Algunos aprovecharon la tarde para disfrutar de una buena torta en los portales, sonreír con los payasos o simplemente descansar para su andar del otro día.

Alrededor de las 6 de la mañana de este lunes retumbaron las campanas de la vieja catedral toluqueña: era hora de levarse y recibir la bendición de manos del arzobispo de Toluca, Francisco Chavolla Ramos quien ofició una misa para los guadalupanos.

Minutos antes de las 7 de la mañana los fieles, la mayoría mujeres y niños, se ajustaron la camiseta con la imagen de la Morenita, se colocaron el gafete que los identificaba y se pusieron el sombrero. Con las imágenes y los estandartes al frente formaron un contingente y tomaron la calle de Nicolás Bravo, dieron vuelta en Morelos y caminaron hasta salir al Paseo Tollocan, y aunque sólo avanzaron por un carril el caos vehicular se apoderó del primer cuadro de la capital mexiquense, cuando oficinistas, empleados y estudiantes buscaban llegar a sus destinos.

A las 8 de la mañana, alrededor de 40 mil devotos guadalupanos ya caminaban por las calles de Toluca.

La imagen de la Virgen de Guadalupe encabezaba prácticamente todos los contingentes, pero también había de Juan Diego y el niño Jesús. El grueso de los que caminaron esta mañana fueron mujeres, niños y ancianos, aunque también se pudo ver a familias enteras, señoras en sillas de ruedas y bebés que eran empujados en carreolas.

El andar de los peregrinos fue lento, y es que los rayos del sol cubrieron con fuerza el asfalto de Tollocan, pues en el Valle de Toluca el frío va ya de salida. El lento andar de los fieles daba tiempo para que policías estatales y municipales se desplegaran para apoyarlos.

En su andar al Tepeyac los peregrinos encontraron generosos corazones que les regalaban lo mismo una naranja que una manzana o una botella de agua, algunos de ellos van más allá y les dan incluso de comer, todo con recursos propios.

Pero no todos aguantaron el andar, algunos fatigados recurrieron a abordar autobuses para recortar las distancias, y otros aprovechaban cualquier banca para descansar los pies, como sucedió en la entrada de San Pedro Tultepec, pero sólo era un momento, pues al final su fe fue más grande que su cansancio.

A ellos les faltan menos de 4 cuatro kilómetros para llegar al municipio de Ocoyoacac, lugar donde pasarán la noche para reanudar su andar mañana.

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