Miguel Alvarado

Toluca, México; 8 de diciembre de 2019.
A propósito de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, en 2011 hubo un invitado que nunca había leído un libro y sin embargo ya había escrito uno. Quería ser presidente de México y estaba en precampaña. Guadalajara le abrió las puertas, pero nadie se imaginó lo que iba a pasar. Aquí te presentamos una crónica de aquella espectacular presentación.

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Allí estaba Enrique, serio pero muy animado presidiendo un foro abarrotado de reporteros y curiosos en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, el 3 de diciembre del 2011. Era un escenario atípico para él, que iba a ser presidente de México. Pero ahí no había porras ni paleros. Algunos, tal vez, porque en primera fila destacaba la figura de Luis Videgaray, el hombre que le cuadraba las cuentas a Arturo Montiel y de paso al propio Peña y que ahora es el principal operador del Grupo Atlacomulco. Allí, muy sentado, Videgaray observaba el desarrollo de la presentación del libro escrito por su jefe, “México, la Gran Esperanza”, una especie de ideario político y plataforma diseñado para impulsar la campaña que se viene. Peña, en este momento ex gobernador mexiquense, sabe ahora lo que son los reflectores nacionales. Todo lo que haga será noticia, sobre todo sus yerros. Y es que un aspirante que aventaja con más de 50 puntos en las encuestas a sus perseguidores algo debe tener.

Guapo pero listo, dicen algunos que no lo conocen.

La mesa donde se presentan libros, aunque sean los de Peña, alberga otro público. De todas maneras la parafernalia pura rodeó al carismático priista. Pantallas gigantes, presentadores decentemente apalabrados y el guion de costumbre que indica cuánto duran los gestos y los ademanes galanos, cuánto los comentarios de hombre que viene de universidad, adornaron aquella sala. Aburrida, la mayoría esperaba la ronda de preguntas para aquel elegante mexiquense que llevaba corbata colorada a rayas e impecable traje todo-terreno, y que junto al presidente de la FIL, Raúl Padilla López, con ojos entornados y palabra engominada, respondía más o menos las inquietudes de los reporteros. Había sorteado todo y casi podía decirse que ya se iba a su casa a celebrar porque la prueba había sido superada, pero la última pregunta lo puso a temblar.

– Y la última es más fácil –le soltaba un reportero con acento de España- ¿Qué?… en el marco de la Feria del Libro, ¿qué tres libros han marcado su vida personal y política? ¿Qué tres autores o qué tres títulos son los que más han influido en usted? Gracias.

Peña respondió de inmediato. No lo pensó. Movió un poco la cabeza y jugueteó casi invisiblemente con sus manos.

– ¿Cuáles son las lecturas que han marcado mi vida?– se preguntó él mismo, en voz alta-. Bueno, que (inentendible)… pues he leído varias, desde novelas queee… me gustaron… eeeste… en lo particular… eeh… difícilmente me acuerdo cuál era el título de los libros…

Y es que existe una grabación en video del hecho, realizada desde el lugar asignado a los reporteros. Y por eso quedó registrada la risa de éstos ante el tremendo esfuerzo de Peña por hilar las palabras.

– La Biblia es uno –ataja el presidenciable con ademán certero-. La Biblia en algún momento de mi vida y algunos pasajes bíblicos, porque no leí toda la Biblia pero sí leí algunas partes de la Biblia, sin duda en una etapa de mi vida fue importante… eeeeh… sobre todo en la etapa de la adolescencia… eeeh… leía algo que seguramente mi vocación por la política alentaba este espíritu por la política… fueron los libros… varios… alguno… La Silla del Águila… de Krauze que… eeeh… y hay otro libro… de él mismo…

Un ejercicio común en las ruedas de prensa es criticar al que habla. No importa su fama o peso público y tampoco que aquello no salga a la luz. Los reporteros están acostumbrados a eso. Una risa renovada se deja oír mientras el priista trata de recordar las obras de Krauze.

– …que quiero recordar el nombre… es sobre caudillos, sobre… no recuerdo el título exacto… eeeh… estamos hablando de, de la descripción que él hace de, del México y de cómo transitamos del México de los caudillos al México institucional y… creo que además… eeehh… además con gran sustento histórico, un libro que me gustó. Leí incluso el otro, la antítesis de ese libro… las mentiras sobre… eeeh… eeeh… era… es que quiero acordarme del nombre del título del libro, pero era de Krauze, la Silla del Águila… (inaudible) tú debes acordarte más cuál es el…

Peña se toca la nariz, se concentra en ello. Sabe que el público se ha dado cuenta de la desmemoria o de que hay algo raro en él, porque a estas alturas ya se sabe que no le gusta leer, aunque por alguna razón considera que es importante exhibir lo contrario. De pronto pregunta a un reportero. “Tú debes acordarte más cuál es”, le dice simpático, en espera de un salvavidas que nunca llega.

– No sé cuál leyó usted –responde el interpelado y más risas, esta vez menos discretas, se alcanzan a escuchar. Pero el más adelantado en las encuestas no se arredra y sale él mismo del atolladero.

– Hay uno que después salió que eran las mentiras…

– ¡…Pinocho! –gritaron desde las gradas.

– …sobre el libro de este libro –aseguraba el de Atlacomulco.

A estas alturas el cubil de los reporteros era pura carcajada. El respeto a la desmemoria del candidato se había ido a otro escenario y Enrique lo sabía. No llegaban a él las luces que muestra en entrevistas televisadas ante 30 millones de personas con López-Dóriga o aquella seguridad que expresó cuando leía sus informes de gobierno, en el Estado de México. Teatros terroríficos todos, tuvo que ser una tercia de libros la que embrollara las cosas para siempre. La respuesta desde las gradas al “hay uno que salió después” fue “Pinocho”. Hasta las cámaras se mecían al ritmo de la gracejada. El candidato se sonrojó y entendió que los reporteros no eran los que trataba en Toluca, que en Guadalajara no lo tomaban en serio. Una parte del verdadero Peña salía a la luz, aunque era sospechada hacía años. Se sobrepuso al bache y decidió seguir aunque en primera fila Videgaray le hacía la seña de “¡córtale, córtale!”, como unas tijeras. Nadie podía parar aquello.

– Hay otra novela que me gustó, que tiene que ver con los temas del poder… queee… eeeeh… es la novela sooobre… La Hija Pródiga y… eeeh… de Jeffrey Archer, recuerdo, hay tres libros… Kane y Abel, La Hija Pródiga… este, ¿cómo se llamaba el otro libro? (inaudible). Mira, realmente no podría yo señalar un libro que haya marcado de manera específica mi vocación. Sin duda los que tienen que ver con la novela política, la novela histórica, son de mi particular agrado… eeeeh… lo último que (inaudible) es una buena novela sobre La Inoportuna Muerte del Presidente… ¿sí es La Inoportuna Muerte del Presidente?… Sí, cómo no, ahí lo traigo y lo voy leyendo, La Inoportuna Muerte del Presidente. Alguien recuerde quién es el autor porque debiera señalarlo… ¿eh?… ¿cómo?… ¿cuál?

Peña voltea a la derecha, donde no están las cámaras pero otra vez el humor de los reporteros hace su aparición.

– De Mario Aburto –se alcanza a oír.

– Esste… (inaudible) la verdad es que cuando leo… los libros… me pasa que luego no registro (inaudible) pero más o menos te das la idea por los libros que he leído. Uno que me gustó mucho también… este es de Enrique Serna sobre este personaje polémico que fue Santa Anna y que hace de manera… este… novelada… un libro cuya lectura también disfruté y si hay algo que disfruto mucho es la parte de la historia de México (inaudible) a veces novelada y a veces no, con mayor contenido biográfico sobre personajes que han realmente llenado las páginas de la historia de nuestro país. Hacer un (inaudible) pasaje de la Independencia, Morelos, para mí el personaje más interesante de este pasaje de nuestra historia. Luego, en el México ya independiente, pues… eeeh… sin duda la… eehh… el proceso que vivió nuestro país (inaudible).

Allí terminó la grabación pero no este pasaje de nuestra historia. Así, un proyecto político acariciado y desarrollado por más de cinco años se iba al carajo en un clip de 4 minutos y 57 segundos, gratis, y recorría las redes sociales en internet diez minutos después para estupor y gracejo de propios y extraños. La burla inevitable, la populachera saña con que la prole cibernética trató a Peña marcó el antes y el después en el proceso electoral del 2012. Al gobierno del Edoméx le costó 800 millones de pesos anuales construir la imagen del aspirante y treparlo al primer lugar de las encuestas nacionales. Aparentemente, dejó a Beltrones en el camino y supo negociar con los grupos del poder en el PRI. Peña es un hombre que no tiene influencia nacional, todavía. Geográficamente, el Grupo Atlacomulco es amo y señor del Estado de México y sus alrededores, pero nada más. Ante otros cotos el Proyecto Peña se queda chico. Es un señorío local, de miles de millones de dólares pero nada más. Saber leer y escribir, como opinaba el conductor Jacobo Zabludowsky, no es requisito para ser presidente y por una vez Jacobo tiene razón. No es requisito ni para ser gobernador, diputado o secretario de Finanzas.

La noticia del desliz intelectual de Peña llegó a España, donde una nota del diario El País preguntaba que “¿cuáles son los tres libros que han marcado la vida del candidato puntero de todas las encuestas en México, Enrique Peña Nieto? La respuesta tendrá que esperar a mejor ocasión, porque el aspirante priista a la presidencia no supo contestar de manera clara a esa pregunta que le hizo la prensa… en la primera fila, su asesor Luis Videgaray, un diputado de sólida formación, le hacía señas con los dedos sobre la boca, como quien simula una tijera, para que el precandidato cortara ya su respuesta sobre los libros. Antes, Peña Nieto había tenido una sesión de más de una hora en un abarrotado auditorio donde 750 priistas que le arroparon escucharon que sus “obsesiones” serán acabar con la pobreza, generar un despegue de la economía y abatir la inseguridad. Afuera del recinto, otras mil personas siguieron en las pantallas las palabras del ex gobernador. En el ambiente era palpable la emoción de sus simpatizantes ante el que muchos ven, a ocho meses de las elecciones, como el próximo presidente de México”.

La anécdota será recordada el resto de la campaña y, si gana, en el sexenio por venir. Después de aquello nadie supo guardar la compostura y este Efecto Peña terminó afectando, primero, al aspirante panista Ernesto Cordero, quien vio allí lo que los empresarios del poder llaman una ventana de oportunidad y muy de mañana se presentó en el programa noticioso del conductor Sergio Sarmiento, donde criticó “la insoportable levedad del gel”. Allí mismo fue cuestionado sobre sus libros favoritos y Cordero, tan seguro de sí como de su candidatura, confundió La Isla de la Pasión de Isabel Restrepo, “cuando el texto es de la autoría de Laura Restrepo”. Ernesto se justificó diciendo que “me agarraron muy temprano” y que “hay de resbalones a resbalones”. Más risas, más dudas sobre las capacidades intelectuales de quienes quieren la presidencia mexicana. Peña pidió perdón luego en su cuenta de twitter, donde no lo quedó de otra que hacerlo ante 145 mil seguidores. Peña ha enviado 90 mensajes pero ya seis de ellos se refieren a sendas disculpas por lo ocurrido en la negra FIL. Allí sí, con estilo de estadista, alcanzó a corregir los nombres de los libros y los escritores. Al metiche diario El País concedió algunas palabras porque tuvo dos yerros, “el primero, la confusión que tuve en los autores de los libros, que los cité equivocadamente (…) los crucé, ni siquiera pude dar su nombres exactos. Y el otro, haber subestimado en algo elemental el asistir a una feria sin estar preparado con algo que era una pregunta obvia sobre libros, lo que simplemente omitimos y reconozco y acepto el error”.

Luego respiró, pero entrecortadamente porque no podía prever que una de sus hijas, Paulina Peña Pretelini, nombrada por la revista Quién una de las 10 niñas más guapas de México, tomara twitter por asalto y publicara un mensaje creado en la cuenta de su novio, José Luis Torre, para defender al suegro vituperado. Paulina, desde la cuenta @Pau_95Pena, el 5 de diciembre lanzó “un saludo a toda la bola de pendejos que forman parte de la prole y solo critican a quien envidian”. Otra vez el vapuleado Enrique tuvo que salir a justificar, esta vez, los excesos de la hija, quien ejercía la libertad de expresión que tanto defendía su padre. “El RT de Paulina fue una reacción emotiva por mi error en la FIL. Definitivamente fue un exceso y me disculpo públicamente por ello” y “hablé con mis hijos sobre el valor del respeto y la tolerancia, les reiteré que debemos escuchar y no ofender a los demás”, decía el de Atlacomulco en su twitter.

A un disparate cometido en público por Peña le bastó un fin de semana para poner a temblar una campaña que oficialmente todavía no ha empezado y que valió una reunión de emergencia entre los socios del aspirante para redefinir las estrategias a seguir en lo futuro. Enrique no podrá evitar los famosos debates entre candidatos y tarde o temprano deberá responder por temas que la agenda electoral le impone como Atenco, Paulette y Arturo Montiel, entre otros.

La hija de Peña también tuvo que disculparse y lo hizo en su cuenta, borrada y reactivada en el lapso de horas. “Quiero ofrecer disculpas de todo corazón. Mi intención con ese RT jamás fue ofenderlos. Reconozco que hice mal y lo lamento”. Lo de los libros sirvió al diario El Universal hasta para hacer una pequeña encuesta para saber qué candidato, según el público, lee más. López Obrador lideró aquel innecesario escalafón seguido por Vázquez Mota, el propio Peña, Santiago Creel y en último lugar el olvidadizo Cordero.

Si twitter es una arena reconocida para deslindar errores y generar proclamas para los políticos, también lo es para que usuarios comunes y personalidades destacadas opinen y así abordaron aquel lance de la FIL para liberar, sobre todo, estupor.

El actor Gael García Bernal decía que “no me sorprende el oso de Peña Nieto en la FIL. Me da tristeza, una vez más, que alguien así tenga en sus manos a nuestro país lastimado. Qué poca capacidad de abstracción y sensibilidad tiene Peña Nieto. Sempiterno gel y tono dicharachero de concreto: bit.ly/tU6Odr”.

“A Paulina Peña LA AMO!!! y es justo en un momento difícil cuando el amor se demuestra! Nada tiene que ver con política ni con televisoras!!”, decía la actriz de Televisa, Consuelo Duval. Pero a quienes se extrañó en la charrascada fue, precisamente, a los reporteros de aquella empresa, que editó en televisión abierta lo sucedido. La revista Quién, apegada a una aparente frivolidad, tituló “Complicado weekend de Enrique Peña Nieto”.

La colección de chistes sobre los incidentes no tiene medida y apenas sale uno cuando diez más están en circulación e incluye hasta una aparición de Hitler, enojado porque se ha descubierto que su candidato nunca ha leído.

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