Elpidio Hernández Villanueva

Toluca, México; 19 de septiembre de 2019. Este jueves se cumplen dos años del sismo de 7.1 grados en escala de Ritcher que sacudió al país provocando devastación en calles de la Ciudad de México, Oaxaca, Morelos y el Estado de México; y que dejó a su paso un saldo de 369 personas sin vida.

A dos años de la tragedia, las heridas aún no han terminado de cerrar y los municipios mexiquenses afectados como Ocuilan, Joquicingo y Tenango aún no han terminado de ponerse de pie.

Pero aquella tragedia quedó marcada también por tres eventos: la solidaridad de los mexicanos ante la tragedia, el puño en alto y la novela mal contada por Televisa, titulada Frida Sofía.

No habían pasado ni ocho horas del desastre de aquel día de 2017 cuando la ayuda comenzó a desbordarse en el centro del país.

Dos años han pasado y aún se eriza la piel al recordar los ríos de personas que llegaron a las calles donde había casas o edificios colapsados. Juntos levantaban escombros y rescataban personas heridas aunque cierto es que sigue siendo un misterio conocer de dónde salieron los miles de tapabocas que se utilizaron durante el desastre, de dónde salió tantísima cubeta, pico y pala con que se removieron los escombros.

Es inevitable que se deslice una lágrima recordando a la gente que entonaba el Cielito Lindo a altas horas de la noche en los momentos más aciagos. Los ancianos de escasos recursos, e incluso sin ellos, que llegaron a los centros de acopios con productos como frijol, arroz y aceite, y que los donaban a pesar de que muchas veces se quitaban la comida de la boca.

Cómo no emocionarse al recordar al ferretero de la Condesa que donó todos los picos y palas de su local a los brigadistas, o al recordar a los grupos de jóvenes y universitarios de Metepec, Morelos y la Ciudad de México que en cuadrillas se lanzaban a las zonas más afectadas a levantar con sus manos los escombros para rescatar personas y pertenencias. A los paisanos de Estados Unidos que hacían depósitos para ayudar a quien entonces lo necesitaba. Cómo no emocionarse al recordar las decenas de familias enteras que llegaban a los centros de acopio con despensas y cobijas para ayudar, o aquellos que iban más allá de esas acciones y se desplazaron a las comunidades a repartir, calle por calle, agua y comida. Cómo olvidar que la generosidad de los mexicanos fue tan grande que hubo un momento que se pidió dejar de donar agua y comida porque ya rebasaba los requerimientos del momento.

Cómo dejar de agradecer a los países hermanos que se solidarizaron lo mismo enviando apoyo moral, material y humano, a los rescatistas que llegaban del extranjero, a los deportistas y artistas que abrieron sus chequeras para hacer depósitos como Salma Hayek, Belinda, “Canelo”, Checo Pérez, Thalía, Katy Perry y el “Chicharito”, sólo por mencionar a algunos.

Cómo olvidar a las grandes, medianas y pequeñas empresas que donaron de sus productos, tal es el caso de Carlos Slim, por ejemplo, quien abrió el internet y las líneas para tener comunicados a los habitantes; Nestlé que donó agua embotellada, Duracell que puso a disposición de los rescatistas cientos de pilas o Heineken que dejó de enlatar cerveza para enlatar agua, entre otros tantos casos más de altruismo pulcro.

Cómo olvidar a la gente que ponía sus autos y camionetas, y organizaba a sus vecinos para ir a las comunidades y colonias afectadas. A los motociclistas que se ponían a las órdenes de la gente para acercarlos a los lugares devastados.

Televisa: vendiendo engaños, alimentando el dolor

Pero hasta en la tragedia, Televisa quiso protagonizar una novela mal contada; la peor de su vergonzoso repertorio: frente a la tragedia también surgió la historieta que sólo Televisa sabe trazar. El miércoles 20 de septiembre, deseosos de acaparar la atención nacional, la televisora sembró la esperanza de encontrar con vida a una niña atrapada –hasta ese momento- entre los escombros, su nombre: Frida Sofía.

Prácticamente todos los medios se volcaron al Colegio Enrique Rébsamen, donde 21 niños y 4 adultos, habían fallecido. Las principales cadenas de televisión como Televisa y Tv Azteca transmitieron durante nueve horas las labores de rescate.

Aquel miércoles el almirante de la Marina José Luis Vergara Ibarra había confirmado a los medios de comunicación que tras cuatro horas de maniobras de rescate habían detectado a una niña con vida: “Hay una niña que aún escuchamos está con vida. Y es ahí donde realizamos el mayor esfuerzo porque está muy complicado el rescate”, confirmó ante las cámaras de Televisa.

Las declaraciones en ese momento alimentaron la posibilidad de un milagro pues una profesora aseguró también que había una niña llamada Frida Sofía y que estaba en primaria; un “marino”, del que nunca se confirmó su nombre, dijo que la niña movió su mano y pidió agua.

A partir de ese momento Televisa encabezó la maratónica cobertura del suceso con las múltiples transmisiones de la periodista -como es catalogada en ese medio- Danielle Diturbide, teniendo lugar VIP al lado de los rescatistas. Al final y después de varias horas, el entonces subsecretario de Marina, Enrique Sarmiento Beltrán, llegó a la zona del desastre para declarar que Frida Sofía nunca existió y nunca tuvieron conocimiento de nadie con ese nombre.

Puño en alto

En los momentos más aciagos y en medio de las labores de rescate, surgió un símbolo que marcó la tragedia: el puño en alto. Cuando con picos, palas y manos se removían escombros, las labores se detenían levantando un puño. En ese momento del puño mirando al cielo, los puños de manos vecinas de inmediato repetían la acción: se levantaban y llegaba el silencio.

Con aquella señal, los rescatistas pedían silencio para poder escuchar alguna señal de auxilio o algún gemido en medio de los escombros.

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