José Enrique Rojas González.

Toluca, México; 4 de julio de 2019. El pleno de la LX Legislatura del Estado de México avaló el proyecto de reforma del artículo 2 de la Constitución Política de México, propuesto por la Cámara de Diputados de la Federación, mediante el cual el Estado reconocerá a las comunidades y pueblos de ascendencia africana establecidos en el país su derecho a la autodeterminación y su composición como parte integrante de la pluriculturalidad del país.

Así, una vez propuesta por la Federación y avalada ayer por los diputados locales, la tercera raíz de México, los afrodescendientes, tendrán derecho, al igual que los pueblos indígenas de la nación, de decidir sus formas internas de convivencia y organización social, económica, política y cultural, podrán aplicar sus usos y costumbres para dirimir conflictos no penales, siempre y cuando se respeten los mandamientos de la Constitución de México.

La elección de sus autoridades y representantes para el ejercicio de sus propias formas de gobierno será mediante el derecho consuetudinario y no mediante el derecho positivo, siempre y cuando los intereses de esas comunidades estén en sintonía con las de la federación y el Estado, “garantizando que las mujeres y los hombres disfrutarán y ejercerán su derecho a votar y ser votados, y desempeñar los cargos públicos y de elección popular para los que hayan sido electos o designados”, informó la Legislatura local mediante un comunicado.

La minuta próxima a ser ley también establece que los pueblos afromexicanos deberán preservar y enriquecer sus lenguas, conocimientos, cultura e identidad, conservar sus hábitats y entornos naturales y la integridad de sus tierras, salvo en aquellos espacios estratégicos para la nación, cuyo control será atribución de la federación o en su caso de los estados.

Datos del Consejo Estatal de Población del Estado de México indicaban que en 2015 el 1.16 por ciento de la población total, alrededor de 1 millón 386 mil 556 personas se consideran a sí mismas como descendientes de africanos. La mayor parte de ellos se concentran en los estados costeros del centro de México: en Guerrero, cuyo porcentaje de población que se considera afrodescendiente es del 6.50 por ciento; Oaxaca (4.95 por ciento) y Veracruz (3.28 por ciento).

En el Estado de México el 1.88 por ciento de la población, 304 mil 327 mexiquenses, se consideran afrodescendientes, siendo la cuarta entidad en términos relativos con mayor autoadscripción a la tercera raíz del país, sólo detrás de Guerrero, Oaxaca y Veracruz. En términos absolutos, el Edoméx es la entidad con más población afro en de la nación.

En términos relativos, los cinco municipios con mayor cantidad de población afrodescendiente son Zacazonapan (el 13.56 por ciento de su población considera que posee raíces africanas), Juchitepec (10.32 por ciento), Morelos (7.71 por ciento), Tepotzotlán (5.94 por ciento) y Jocotitlán (5.56 por ciento).

Respecto a los términos absolutos de población, el municipio con más individuos de autoadscripción negra son Ecatepec (30 mil 365 afrodescendientes), Chimalhuacán (26 mil 254), Tlalnepantla (16 mil 443), Nezahualcóyotl (15 mil 296) y Naucalpan (14 mil 831). En Toluca 10 mil 35, el 3.3 por ciento de la población total, se considera heredera cultural y biológica de africanos.

La comunidad negra es uno de los cuatro pilares de la conformación de la identidad mexicana, país multicultural desde su nacimiento y cuya diversidad cultural y lingüística se extiende, por lo menos, al período Clásico del México Prehispánico.

El arribo de los españoles a territorio de Mesoamérica supuso en términos culturales una mayor variación y diversidad cultural en la región; a los grupos étnicos que habitaban en el territorio actual de México se sumaron los migrantes del Viejo Continente, casi todos andaluces aunque también vinieron vascos, gallegos, portugueses, catalanes, franceses, italianos, ingleses y alguno que otro alemán. Fueron los europeos quienes impusieron el nuevo statu quo, similar al de Europa en lo político, económico, religioso, social y educativo, aunque con algunas variaciones culturales ocasionadas por la herencia mesoamericana.

A pesar de que la migración europea fue la tendencia en Nueva España, también hubo migración de África debido al tráfico de esclavos provenientes de las costas de Senegal y Guinea para el pesado trabajo en las plantaciones de caña de azúcar de Guerrero, Morelos y Veracruz; y de Asia como consecuencia del tráfico de especias entre China y Nueva España a través de Filipinas, archipiélago que fue parte de la Corona española hasta 1898. Como consecuencia, los africanos se establecieron desde 1521 en zonas rurales y los asiáticos en entornos urbanos, principalmente Acapulco y la Ciudad de México en un inicio.

La esclavitud fue avalada de facto en 1517 por el emperador Carlos V, mediante la otorgación de concesiones a los colonos españoles en Nueva España para que pudiesen usar mano de obra esclava. En el primer siglo de dominio español los súbditos de la Corona recurrieron al trabajo forzado de los grupos indios, cuya población a la llegada de los españoles era de aproximadamente 20 millones de habitantes, según cálculos de historiadores como Miguel León Portilla, y que debido al sistema de explotación descendió a casi 5 millones a inicios del siglo XVII.

No obstante, a lo largo de ese siglo la población americana se recuperó y los grupos mestizos aumentaron, principalmente aquellos producto de la combinación genética y cultural de los españoles con los mesoamericanos. Este fenómeno impidió que hubiese mayor importación de esclavos de África y que ellos no formaran un sector importante, en términos absolutos, de la población, como sí sucedió en Haití, las Antillas, América Central y la Gran Colombia.

La esclavitud de los indios en territorio de España y Portugal fue abolida por el Papa Urbano VIII en 1639; la de los grupos afrodescendientes se prolongó hasta el inicio de la independencia de México, dos siglos después, y fue ratificada por los presidentes Guadalupe Victoria (1825) y Vicente Guerrero (1829).

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