Miguel Alvarado

Toluca, México; 22 de junio de 2019.

–¿Y qué supiste después, a dónde los llevaron o qué -pregunta el agente ministerial Carlos Gómez Arrieta a Carlos Canto, detenido el 21 de octubre de 2014 por el caso de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa.

–Para Mezcala -responde asustado Canto, y quien segundos después será torturado, asfixiado por su interrogador con una bolsa de plástico.

Carlos Gómez Arrieta, hasta el 22 de junio de 2019 subsecretario de Seguridad Pública de Michoacán, es quien se encarga de manipular la bolsa y torturar al detenido, según un video publicado primero en redes sociales y después por el diario español El País. Esto corrobora las observaciones de la ONU referente a la tortura que se practicó contra detenidos del caso pero también pone en el rompecabezas de Ayotzinapa una pieza que no había sido considerada adecuadamente: Mezcala y su zona de supermineras, pero además la declaración bajo tortura de Carlos Canto involucra a agentes federales trasladando a estudiantes capturados por narcos.

Para la PGR la investigación sobre los 43 levantados de Ayotzinapa comenzó con una llamada anónima: una voz masculina le dijo a la Procuraduría que los normalistas habían sido llevados al basurero de Cocula, a unos 20 minutos de Iguala, y ahí habían sido ejecutados y calcinados por sicarios de Guerreros Unidos. La voz revelaba algunos nombres y apodos de los sicarios y jefes del cártel, y daba además algunas ubicaciones respecto de su paradero. “Lo hago porque quiero un México libre”, decía al final este anónimo, antes de que alguien localizaran el origen de esa llamada. Esto, según la Unidad Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada de la PGR en el expediente A.P. PGR/SEIDO/UEIDMS/816/2014, un compendio de historias que engarzan perfectamente, como si alguien las hubiera mandado hacer. Ahí se narra casi todo y sin embargo está lleno de omisiones, como las torturas a las que fueron sometidos algunos detenidos y que presuntamente ejecutaron marinos.

El video filtrado en redes sociales muestra al detenido Carlos Canto sentado en una oficina durante un interrogatorio que dirige el policía ministerial Carlos Gómez Arrieta.

–Te voy a volver a preguntar -dice el ministerial Gómez Arrieta a las espaldas de Canto, quien está amordazado de la cabeza para arriba, con algo que parece cinta canela -¿sabes dónde están las casas?
Canto intenta contestar, presionado por los ministeriales, que lo rodean fuera de cámara, sin mostrarse, pero no lo dejan.

–A ver, entonces a dónde se los llevaron los que según tú (son) ministeriales – le grita el interrogador a Canto, quien solamente balbucea, atragantado de miedo.

–Ahí, en Mezcala -dice Canto, quien mueve la cabeza como para afirmar lo que él mismo señala.

Mezcala es una zona minera donde se encuentran asentados algunos de los megaproyectos más importantes del país como la Media Luna y Los Filos, propiedad de la industria canadiense, en el llamado Cinturón del Oro, donde se explota, además de ese mineral, plata y uranio, este último de manera clandestina justamente en la Media Luna.

La Comisión Presidencial de Ayotzinapa ha considerado entre 9 y 11 líneas de investigación sobre el caso de los chicos levantados, y entre ellas se encuentran las de la infiltración y la de la participación de las mineras.

Canto, el detenido por los ministeriales federales, menciona a Mezcala, una zona que por meses estuvo cuidada por soldados, federales y sicarios después del 26 de septiembre de 2014 y que se ha convertido en un lugar clave para el desarrollo de las nuevas investigaciones.

–¿Cuántos alumnos suben ahí? – le pregunta el policía al detenido.

–Fácil, fácil, doce o trece alumnos – responde el detenido.

–¿Por camioneta?

–Sí, por camionetas.

–¿Y cómo iban? ¿Iban golpeados?

–No. No. Iban sentados, iban acomodados.

–¿Esposados? – le pregunta alguien más a Canto.

–No, porque algunos iban (inaudible).

–¿Exactamente en qué punto los entregaron a los ministeriales, según tú?

–Tomatal – responde el detenido.

–¿Tomatán?

El Tomatal es un punto a la salida de Iguala, rumbo a Acapulco. , en el que se instalaron los retenes del ejército después de los levantones. Ese, y el puente del Enano se constituyeron en los puntos de control de lo soldados, que sólo copiaron lo que ya hacían los narcos en los mismos puntos.

–Es la entrada que es salida – dice Canto, siguiendo el interrogatorio.

–¿La qué?

–La entrada y salida para Chilpancingo.

–Ah, okei. Es la entrada a Iguala por Chilpancingo y salida hacia (inaudible). ¿Exactamente ahí afuera?

–Bueno, hay como in tipo restorán que está abandonado ahí, está oscuro. Ahí los metieron ahí.

–¿Y qué supiste después, a dónde los llevaron o qué?

–Que iban para Mezcala.

–¿Supiste?

–Sí, porque ellos lo comentaron.

-A unas casas allá -le apostilla el interrogador.

–Pero esas eran de Los Peque – responde todavía más asustado Carlos Canto.

–A esas casas has ido tú, sí nos puedes acompañar para decirnos dónde están las pinches casas– le dice el ministerial al detenido, quien se atraganta cuando le piden eso.

–N… no… – balbucea el hombre.

–¡A ver! ¡Vamos a ver! -responde su interrogador y en ese mismo momento le pone con violencia una bolsa en la cabeza al detenido y lo jala hacia atrás, con todo y silla. Frente a él, otro policía se acerca con lo que parece ser una botella de agua y trata de verterla en el rostro del detenido, ya cubierto por la bolsa.

-¡Yo no sé! – alcanza a decir Carlos Canto, llorando, antes de que el video se corte.

Este video es una de las primeras pruebas públicas que se muestran referentes a tortura por parte de los investigadores. La Comisión Nacional de Derechos Humanos había concluido que no existían tales torturas desde su investigación, a pesar de que el año pasado el Alto Comisionado de la ONU señalar estos actos como ciertos

Los misterios de Iguala

Entre las historias que componen el expediente de la PGR se encuentra la de Martín Alejandro Macedo Barrera, un sicario de los Guerrero Unidos que cuenta una versión distinta de la noche de Iguala.

El 26 de septiembre de septiembre del 2016 él, junto con otros, enfrentó a los normalistas de Ayotzinapa en Iguala porque sus jefes les habían dicho que entre ellos iban infiltrados del cártel morelenses de Los Rojos, encabezado por Santiago Mazari, Carrete, y que buscaba matar a los hermanos Benítez Palacios, los Peques o los Tilos, controladores del narcomenudeo en la región.

Desde su declaración ministerial, enfrentar para Macedo Barrera significó acribillar a los normalistas. Y según él, fueron ellos quienes abrieron fuego primero contra los estudiantes, a quienes habían detectado cuando arribaron a la terminal de autobuses de Iguala, gracias a la red de halconeo dispersada por toda la ciudad.

-Eran muy violentos -dice Macedo Barrera refiriéndose a los jóvenes de Ayotzinapa- iban aventando piedras muy grande y además traían armas cortas tipo nueve milímetros y treinta y ocho, nuestra función consistía en vigilar que no hicieran relajo, para esto íbamos a bordo de la camioneta Ram 250, color blanco, en la camioneta íbamos cuatro personas La Mole, El Tinher, El Amarguras y yo, los cuales seguíamos de cerca los dos camiones que se dirigían al centro. Al llegar a la plaza donde estaba un evento ya que tocaba creo que La Luz Roja de San Marcos, comenzamos a escuchar que les aventaban a la gente que estaba en esa explanada piedras y hacían disparos, logrando herir a varias personas, por lo que recibí la instrucción de dispararles, por parte de Choky, los disparos que les realizamos fue en el centro de iguala, por lo cual yo traía una pistola tres ochenta, el mole una nueve milímetros, El Tinher traía una treinta y ocho especial, el amarguras una pistola calibre nueve milímetros.

Macedo era un sicario bajo las órdenes de El Choky –así lo escriben en su declaración ministerial- Eduardo Joaquín Jaimes, principal ejecutor de El Tilo, Víctor Hugo Benítez Palacios. Jaimes, escurridizo, no ha sido capturado pero todos los conocen en Iguala primero porque es uno de los más sanguinarios y después porque carteles con su rostro aparecieron la madrugada del 29 de diciembre del 2015 en las calles de la ciudad, pegados a postes y bardas, mostrando a todo color su cara. En realidad ese volante denunciaba a El Tilo como responsable de asesinatos que llegaban hasta Taxco. Y es que el Choky es un veterano en eso de ejecutar y su historia es tan larga como su lista de muertos. Fue él quien encabezó un comando que entró a la Tierra Caliente guerrerense para acabar con los comandos de la Familia Michoacana en una venganza fraguada por los hermanos Pineda Villa –la familia de María de los Ángeles Pineda, esposa del ex alcalde de Iguala, José Luis Abarca- cuando asesinaron a un hermano. Reportes de la PGR también indican que El Choky había sido detenido antes por el ejército, pero nadie supo por qué apareció libre, caminando después como si nada en su ciudad.

Ese mismo cartelito, adherido con simple diúrex a los postes del alumbrado público en las calles de Aldama, Bandera Nacional y Galeana, decía que el ex director de Seguridad Pública Municipal de Taxco, Erubiel Salado Chávez, era uno de los responsables de la desaparición de los 43 de Ayotzinapa. Salado -dice el narcoboletín, porque está redactado como una nota informativa fechada el 21 de diciembre del 2015- recibe protección de una docena de policías preventivos y del actual alcalde Omar Jalil. Y remata con algo que, casi siempre que se lee, resulta verdad cuando se investiga y que dice que “la esposa de Víctor Hugo Benítez tiene un tío que es un alto mando del Ejército mexicano, pero que ya están investigando […]”.

El Choky era un matón pero también un busca-talentos de excelencia e identificaba a quienes podían ayudarlo como halcones primero y después como matones a sueldo. Tenía su Mustang gris sin placas y le gustaba demasiado su 9 milímetros. Al sicario Macedo Barrera lo convenció en una fiesta, cuando ambos coincidieron en una discoteca, La Iguana Loca, y uno le confesó al otro sus penurias económicas. Tampoco le costó trabajo explicar que la ruta de vigilancia que le tocaría al novato sería de El Tomatal, donde hay un retén militar, hasta el centro de la ciudad. Al otro día, luego, luego, le entregó un celular y el resto de las instrucciones. Todo se facilitaba porque el nuevo empleado de Guerreros Unidos tenía moto y haría si problemas los recorridos, buscando soldados y gobierno. El jefe inmediato de Macedo sería El Chino, un joven de 20 años que trabaja en Protección Civil de Iguala y encargado de reunir la información de todos los halcones, aunque también de pagarles porque, al fin y al cabo, halconear para dar madruguetes también era una chamba. Así, a Macedo le entregaron 7 mil pesos mensuales, una bicoca si se pregunta por el kilo de mariguana en la ciudad, que se vendía hasta en mil 800 pesos aquel año.

El paso del tiempo y las necesidades revelaron a Macedo la red de espionaje de Guerreros Unidos. Por ahí andaba El Gaby, un moreno 1.90 metros y de 25 años que se movía en motoneta pero también en una pulcra Tacoma y se armaba con una .45 y dos cuernos de chivo para lo que se ofreciera. También apareció La Vero, pequeñita de nariz respingada pero hábil con su Bewis negra, motoneta nueva de su propiedad. Conoció a El Chaky y su X-Trail arena y su pistola 9 milímetros casi al mismo tiempo que a El Mente, tan alto como El Gaby pero más joven porque apenas tenía 19 años. Macedo dice que los conoció en un almuerzo, pretexto ideal para hacer presentaciones. Había más: El Bogar, quien vigilaba los rumbos de la colonia Guadalupe y Moreno, a quien le tocaba la ruta de la colonia El Capire. A El Cuate le asignaron la zona del Bar Jardín; a El Gordo la colonia Fermín; a El Gemelos el hotel Imperio y el aeropuerto; La Wendy andaba desde la terminal camionera al centro; La China en los rumbos de la avenida del Estudiante y Belem soplaba por la Central de Abastos. “Hay más, pero no los conozco”, dijo Macedo desmemoriado.

Otro halcón, Marco Antonio Ríos Berber, dijo en su declaración que el 26 de septiembre del 2014 a él lo había mandado El Chino a vigilar al centro de Iguala y afirma que los estudiantes estaban armados.

– Vete a halconear al centro para ver qué hacen los ayotzinapos. Ponte verga porque de los que vienen en los autobuses vienen de los contras, los Rojos, a pelear la plaza. Son pelones –le diría El Chino a Ríos, quien describe a uno de los jefes de Guerreros Unidos, El Gil, que vive en Pueblo Viejo y que es gallero

–En su casa –dice- hay caballerizas y organizaba palenques cada ocho o quince días y era él quien se quedaba con todo el dinero que recaudaban los narcotraficantes de sus actividades diarias.

Todavía Ríos Berber dijo más: “Otra persona que podría decir en dónde están los estudiantes es EL COMANDANTE VALLADARES y uno que es el segundo de VALLADARES y que conozco como CARRETO, y esto lo sé y me consta porque en una ocasión agarraron a tres de los contras, los agarro EL CHOKY, y se los traspasa a la gente de EL GIL quien también pertenece a los GUERREROS UNIDOS porque ellos también están con los sicarios en Cocula, en la colonia Pueblo Viejo, y en Iguala”. Esta declaración, tomada en los interrogatorios de la PGR también recoge que los policías de Iguala José Ulises Bernabé García, Baltazar Martínez Casarrubias, Esteban Ocampo Landa, Christian Rafael Guerrero Saucedo, Emilio Torres Quezada, Juan Carlos Delgado González, Horacio Hernández García, el comandante Francisco Salgado Valladares y Hugo Salgado Wences trabajan para Los Guerreros Unidos. Lo mismo dice de dos elementos de Protección Civil, Abiel Acatitlán Peralta y Juan Carlos Beltrán Cruz.

Según esta versión, el grupo encargado de parar a los estudiantes era el de El Choky, quien por otra parte cometió errores garrafales cuando, dicen ellos, confundieron a los futbolistas de Los Avispones con los normalistas y los acribillaron. En todo caso, esas versiones han sido desestimadas por los propios afectados, quienes denunciaron en el 2016 que un retén policiaco los obligó a detenerse en el Puente del Chipote, frente al Palacio de Justicia, y sólo ellos no pudieron avanzar, sin razón alguna. Luego, liberados, pocos kilómetros adelante fueron ametrallados y los soldados del 27 Batallón de Infantería, avisados por algunos de los familiares que acompañaban a los jóvenes futbolistas en autos particulares, fueron incapaces de reaccionar a tiempo.

El Choky, quien gasta un cuerno de chivo, “alcanzó a chingar a varios ayozinapos, ya que se estaban poniendo muy locos, una vez que se comienzan a bajar los estudiantes comienzan a correr y logramos asegurar a diecisiete, los cuales subimos a nuestras camionetas y los llevamos a la casa de seguridad de la loma donde, los matamos inmediatamente ya que no se querian someter y como eran más que nosotros choky dio la instrucción que les diéramos piso, cuando detuvimos a los ayozimapos no logramos asegurar ninguna arma pero yo claramente vi como iban armados como ocho en total. yo vi cuatro en los camiones que seguíamos y mis compañeros dijeron que igual número iban en los otros camiones. a algunos los mataron con tiro de gracia en la cabeza y a otros a golpes ya que se pusieron muy violentos cuando estaban secuestrados y para que no estuvieran chingando se decidió matarlos. creo que utilizaron la excavadora para enterrarlos en el mismo rancho que tenemos a siete de estos muchachos los quemamos por instrucción del choky, quiero señalar que una vez que se me pusieron a la vista unas fotografías de las personas que se dicen desaparecidas no reconozco a ninguno ya que inmediatamente que los subimos a las camionetas la instrucción fue cubrirlos para que nadie los viera, yo participe matando a dos de los ayozinapos, dándoles un balazo en la cabeza, y no son de los que quemamos, están enteritos la forma de matarlos fue ancados y les disparamos por un lado de la cabeza”, dice Macedo Barrera.

Esta versión coincide con la que dio el sicario Marco Antonio Ríos Berber en algunos puntos y si ha sido investigada no se sabe cuáles han sido los resultados en esa línea. Que la Procuraduría se decidiera por la macabra cremación de Cocula no tiene explicación sensata cuando se sabe que llegaron allá porque alguien, desde un teléfono sin identificar, les dio un soplo. Al otro día los investigadores revisaron ese basurero y confirmaron sus versiones. Macedo y Ríos Berber han dicho que para ellos hay 17 estudiantes muertos. Del resto dicen no saber, aunque en Iguala otras versiones cuentan el destino de los 26 que faltan pero apenas como susurros, como si alguien estuviera escuchando y cobrara venganza en quienes revelan.

Macedo hace dudar cuando dice que su jefe inmediato, El Chino, lo ha mandado a halconear la llegada de los normalistas. Y es que afirma que iban en un camión y una Urvan y que se bajaron en la esquina de Guerrero y Bandera Nacional, justo en el centro de Iguala pero en una ruta que por todas las investigaciones ha sido descalificada. Dice que los estudiantes llegaron encapuchados y se bajaron de sus transportes, que eran como 50 y que se dirigieron a la celebración de la esposa de José Luis Abarca, que dispararon sus armas y que Macedo lo sabe porque se encontraba parado afuera de la iglesia de San Francisco.
“[…] y la gente empezó a correr para refugiarse por todos lados y los ayotzinapos empezaron a robar carros para escaparse se los quitaban a la gente entre los que recuerdo fue una CRV negra y varios taxis, otros corrieron para el autobús, otros para el mercado y otros para la estrella de oro, cuando sucedió esto el CHINO ordeno que los siguiera y viera para donde jalaban y los perseguí hasta “hielos Laurita” en donde fueron alcanzados por las camionetas de la policía municipal, siendo las unidades que recuerdo haber visto la 582, 38, 03, 05, 220, 020 Y la 010, en donde iban como cinco policías por camioneta quienes les indicaron que se detuvieran, ya que les cerraban el paso, los ayotzinapos iban en una urban blanca y dos taxis y como no se detuvieron los policías hicieron disparos al aire, logrando detenerlos y a unos los bajaron de los vehículos y otros ya estaban abajo y los detuvieron a todos siendo aproximadamente como veinte ayotzinapos, y los subieron a todas las camionetas patrullas, y se los llevaron a la comandancia y supe esto porque CHINO nos mando un mensaje que los ayotzinapos estaban encerrados en la comandancia […]”.

¿Quién dice la verdad o por qué todos mienten? A Macedo le avisaron que El Choky había atrapado a tres normalistas y los había llevado a una casa en la colonia Guadalupe. Era la medianoche y los tres supuestos cautivos estaban a bordo del Mustang gris del sicario, quien se hacía acompañar de El Gaby -en su Tacoma blanca llevaba a otros 10 muchachos sometidos-, La Vero y El Mente, quienes en cónclave decidieron jalarle para el cerro.
A Macedo lo mandaron a comprar diésel, que adquirió en una gasolinera de la calle Zaragoza y alcanzó a sus amigos 20 minutos después en un cerro de la colonia Pueblo Viejo, pero cuando llegó ya los tres prisioneros de El Choky habían sido asesinados y con un disparo en la cabeza éste había ultimado a uno y El Gaby a otros dos “por andar de revoltosos”. El Choky ordenó a El Chaky cavar fosas para los muertos y El Gaby les prendió fuego hasta que los cuerpos se calcinaron. Pero todavía faltaban los otros diez que iban en la Tacoma blanca. A ellos también les dispararon y Macedo dice, muy seguro, que él mismo mató a dos, El Gaby a otro par, La Vero a uno y El Choky a otro.

– Dejamos vivos a cuatro- relata Macedo, quien dice que arrojaron los cuerpos a las fosas y El Gaby los calcinó para después tapar el hoyo con tierra y ramas. Los cuatro estudiantes sobrevivientes fueron golpeados hasta la inconsciencia y amarrados a un árbol y allí los abandonaron, a las tres de la mañana del 27 de septiembre del 2014.

A Macedo le tocó descansar ese sábado y eso fue lo que hizo, desconectándose de todo. Luego, el 30 de septiembre una llamada de El Choky le informó que a los cuatro normalistas sobrevivientes ya les habían dado piso “porque todo se estaba calentando”.

Video de El País: Carlos Canto, detenido por el caso Ayotzinapa

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