Miguel Alvarado
Toluca, México; 6 de enero de 2018. Una enredadera que huele a mandarina se mete por la ventana y atraviesa los ojos.
Este día el mensaje es muy claro y no deja lugar a interpretaciones: se te dice: cuida tu casa, que nadie haga leña de las piernas que la sostienen, que todos coman las frutas que se dan en la casa.

Y los padres, quienes al final terminan pagando los errores propios y ajenos y muy pocas veces sienten que el disfrute del hijo les corresponde, dicen:
“No quiero que sepas que para comer he vendido mis ojos que tanto te miraron en las noches, que formaron parte del corazón repleto de una muerte que no era la mía ni la tuya sino la de alguien negra y silenciosa. Voy a decirte un secreto: no tengo manos. Era tanto el dolor de extrañarte que me las comí a dentelladas y ya no tengo ramas como las de tu árbol y por eso tienes estos juguetes, para que por hoy no te comas tus manos”.

– A veces escarbo, me ocupo en algo- dicen los padres mirando a sus niños en la Alameda, mientras estos gritan sus juguetes mirando los de los otros, que -ya sabemos- les parecen demasiado buenos, injustificadamente maravillosos.

Entonces uno se acuerda de sus propios Reyes Magos, de la sala repleta de juguetes o sólo llena de una idea, a veces de nada, donde no se sabía cuándo empezaba o terminaba el día.

El tren de juguete cruzaba el mar entre gritos y manos estiradas, llenas de sonrisas.
Hoy algunos sabemos que la vida no es redonda ni brillante. No se vuelve burbuja, aunque hemos tratado de que así sea.

Miramos la casa en el árbol que nunca tuvimos y encontramos risas olvidadas en los frascos.
Los niño en la Alameda de Toluca corren entre superhéroes disfrazados, entre las mentiras necesarias que los adultos les han construido y están bien porque tienen lo que necesitan. Estos, los afortunados, los que no han desaparecido ni han sido violados o asesinados.

Estos, los que pueden contarse enteros, que no han sido ni serán mutilados, corren entre los árboles, enmascarados con los antifaces del invierno que va y la primavera que viene.

Un hombre mira a los niños y le dice a alguien que no está con él pero que es más alto porque el hombre levanta la cabeza para verlo. 
– Lo que quiero decir es quiéreme. Pero no puedo.
Feliz día de Reyes. Que por hoy todos seamos los magos que tanto necesitamos.

Fotografía: Ramsés Mercado

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